Thursday, June 23, 2016

DON JUANITO RIFO NOS CONTÓ EMOTIVOS RECUERDOS DE SU VIDA EN PENCO


Don Juanito Rifo Benítez rememora el pasado de Penco.
Conversar con don Juanito (ése es su nombre, no Juan) Rifo Benítez es zambullirse en imágenes retrospectivas de Penco hasta 1938, año en que él llegó con sus padres y sus hermanos procedente de su nativo Curanilahue. Para entonces tenía poco más de 14 años (actualmente está por cumplir 92). Su familia la integraban su padre, don Manuel Rifo; su mamá la señora Rosa Benítez; y sus hermanos Manuel, Orlando, Miguel, Elena y Rosa. La fuerza productiva que exhibía Penco fue el atractivo que tentó a los Rifo Benítez a trasladarse desde una ciudad deprimida por los conflictos de las minas de carbón. La opción del la mudanza ofrecía una posibilidad de éxito: cuatro de sus integrantes varones tocaban instrumentos, eran músicos y Fanaloza necesitaba robustecer su banda, tipo orfeón. Así que las posibilidades de afincarse eran buenas. Por sí solos los Rifo Benífez formaban una banda: Juanito ejecutaba el barítono; Manuel, el requinto; Manuel padre, el bugle; y Orlando era el redoblante, hacía la percusión. En Penco, el maestro Encina, director de la banda de Fanaloza, los recibió con los brazos abiertos. Así fueron integrados de inmediato al orfeón local. Traían sus propios instrumentos y hartos pergaminos, en Curanilahue habían tenido una sólida formación en la banda local. El orfeón locero inició presentaciones en la ciudad y en el teatro de Fanaloza, aquel que funcionó en Cochrane con Infante, en el solar que con posterioridad ocupó el edificio de la administración de la fábrica. Después que la banda de Fanaloza se disolvió se integró al orfeón de la CRAV mientras él seguía laborando en la industria locera.
 
“Venirnos a Penco fue una buena decisión y un salto tremendo para nuestra familia. En Curanilahue donde vivíamos, las minas estaban paralizadas, la situación de entonces era muy difícil”, nos dice don Juanito en una conversación que nos concedió recientemente en su casa de calle Penco. Sin embargo, el terremoto de 1939 fue un golpe muy violento para los Rifo Benítez con pocos meses de residencia en Penco. La familia vivía en calle El Roble entre Freire y Las Heras. Al consultarle sobre aquella experiencia, nos relata amargos detalles: “Con mis hermanos ya estábamos acostados. Cuando vino el movimiento comenzamos a tratar de abrir una ventana que daba a un patio interior. Logramos salir y quedamos en una zona segura. Mi hermano Manuel vio que mi madre se levantó y trató de huir, pero se devolvió para rescatar a nuestra hermano menor, Miguel de 3 años, que estaba en su cuna…” En este punto de su narración, don Juanito hace un silencio fruto de la emoción causada por ese recuerdo. Aquella noche fallecieron su mamá y dos de sus hermanos: Miguel y Orlando. Don Juanito recuerda también otros aspectos curiosos de ese terremoto: “Estaban dando una función en el teatro de la Refinería a la hora del sismo. Y resulta, según lo que contaron quienes estaban asistiendo a la proyección nocturna, que la película justo en ese momento estaba mostrando grandes derrumbes, por eso al comienzo del movimiento la gente no entendía si el terremoto era real o formaba parte de lo que estaba en la pantalla”.
 
Superar aquella tragedia tardó años, pero en el intertanto, se preocupó de su futuro personal. Tenía muy claro que la formación de escuela primaria recibida en Curanilahue no era suficiente para mirar hacia adelante, así que estudió en el liceo N° 1 de Concepción y siguió otros cursos por correspondencia. Hasta que se decidió por ingresar a la Armada. Allí surgió la posibilidad de seguir una carrera universitaria y se matriculó en odontología en la Universidad de Concepción. Sin embargo, para poder sacar su título tuvo que tomar una decisión arriesgada: dejar la marina para seguir en serio su formación profesional. Aquellos fueron años difíciles, por la falta de ingresos. Su apuesta y su empeño dieron sus frutos: obtuvo su título de dentista en 1964, a la edad de 40 años. De ese modo pudo reingresar a la Armada, donde se desempeñó en la Escuela de Grumetes.
El alcalde Víctor Hugo Figueroa, junto al matrimonio Rifo Carrasco, en una ceremonia de reconocimiento a la vida en familia realizada en Penco el 2015.
Es casado con Leticia Carrasco Vera. El matrimonio tuvo tres hijos: Carmen (fallecida hace unos años), María Amelia y Alejandro. ¿Cómo era Penco cuando usted llegó a esta ciudad? Responde: “El ambiente era muy agradable aquí. Cuando llegué lo primero que me aprendí de memoria fueron los nombres de las calles. Yo supe entonces, casi el primer día, que me quedaría a vivir aquí para siempre”. ¿No pensó en regresar a Curanilahue? “No, eso lo descarté desde el mismo momento que nos instalamos acá”.
 
En Penco el matrimonio Rifo Carrasco ha obtenido varios reconocimientos por su trabajo de apoyo a obras sociales. Don Juanito fue presidente del centro de padres de la ex escuela 90 por una buena cantidad de años. Por varios períodos fue presidente del liceo Pencopolitano. Desde 1966 se incorporó a los trabajos con la parroquia local junto al padre Jorge Fajardo y los padres redentoristas, una colaboración que se prolongó por cuarenta años. Integró el comité pro hogar Santa Catalina para niñas en riesgo social.
 
A su edad Juanito Rifo Benítez goza de buena salud y mantiene la gentileza, la cordialidad, la mirada cálida y la sonrisa de siempre. Afirma que dejó de ejercer como dentista a los 80 años y que hoy sigue muy interesado en actividades de ayuda social. Es una persona disciplinada, hace ejercicios y practica natación todas las semanas en la YMCA penquista, donde ha hecho de grandes amigos. Junto a su señora Leticia forman uno de los matrimonios más antiguos y queridos de Penco. 
 

Saturday, June 18, 2016

LOS NIÑOS DE PENCO TAMBIÉN CANTABAN LA HISTORIA DE MAMBRÚ


John Churchill, conde
de Marlborough, conocido como "Mambrú".
El premio Nobel de literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, escribió haciendo referencia a Mambrú: 

“Tal vez la primera canción que aprendí de memoria en la escuela montesoriana de Aracataca, a los cuatro años, fue la que todo el mundo conoce: Mambrú se fue a la guerra qué dolor qué dolor qué pena…” 

Y, como en la colombiana Aracataca, en el chileno Penco ocurría exactamente lo mismo. En la escuela cantábamos “Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá.” 

Mambrú es el sobrenombre en español de John Churchill, conde de Marlborough, quien integrando el ejército inglés se enfrentó a los franceses en la batalla de Malplaquet (1709), en el contexto de la guerra de Sucesión Española. Los franceses, a pesar de haber perdido, dieron por muerto a este general anglosajón  y crearon la canción burlesca que conocemos. 

…”Mambrú ya se ha muerto, lo fueron a enterrar, Mambrú no vuelve más”, decía la canción infantil que se oía en Penco. La letra original francesa se atribuye a Madame de Sévigné. Sin embargo, García Márquez va todavía más lejos y dice que seguramente la letra la hicieron los soldados –tal vez soldados rasos--. Pero, lo más sorprendente de esta canción infantil es que la melodía es mucho más antigua y es de origen árabe. Según Chateaubriand la llevaron a Europa lo cruzados en el siglo XIII.  

También hay otra versión de Mambrú, creada por los ingleses que dice en el estribillo: “for he is a jolly good fellow” y que en nuestros países sudamericanos se canta: “porque es un buen compañero…” 

Lo cierto es que la canción es considerada una de las más antiguas en el ámbito infantil, con letra del siglo XVIII y música del siglo XIII. Lo más curioso fue que el conde Marlborough, Mambrú, no murió en Malplaquet y regresó a Inglaterra, a pesar de lo que dice la canción.
La Batalla de Malplaquet (1709), WIKIPEDIA.
  
 

Monday, June 13, 2016

AVERIGUAMOS CÓMO ERA POR DENTRO EL DESAPARECIDO TEATRO DE FANALOZA DE PENCO


El teatro de Fanaloza, en la esquina de Cochrane e Infante, fue destruido por el terremoto de 1939. Hoy en día sólo es posible saber cómo era por dentro, gracias a testimonios de ex loceros.
Todavía hay ex loceros que nos pueden describir –porque no existen registros gráficos— cómo fue el teatro de Fanaloza que estuvo en la esquina de Cochrane con Infante y del que sólo existe una fotografía que llega hasta nosotros dando testimonio de su imponente fachada. Lo inauguró el presidente Arturo Alessandri el 27 de noviembre de 1933. Luego de poco más de cinco años de estar en funciones, en las que se exhibieron películas, se dieron conferencias, se pusieron en escena obras de teatro, etc., el edificio se vino al suelo con el terremoto de 1939.
Entonces surgen preguntas acerca de su interior, cómo sería, cuál era la distribución de los elementos relacionados con un recinto como ése. Sin duda se trató de un edificio hecho con gran gusto arquitectónico, a juzgar por el frontis que se observa en la fotografía. Pero, saber como sería por adentro, es una inquietud insatisfecha. Afortunadamente hay en Penco personas que nos pueden dar detalles. Una de ellas es el dentista Juanito Rifo Benítez, quien para los tiempos del teatro trabajaba en Fanaloza como pañolero, pero a su vez integraba la banda de la fábrica, porque ejecutaba muy bien el barítono, un instrumento de bronce.
“Estuve varias veces en el teatro tocando música para acompañar espectáculos. Por ejemplo, había veladas de boxeo. Instalaban un cuadrilátero en el escenario y se desarrollaban las peleas, nosotros tocábamos entre round y round. La banda se ubicaba en la primera fila. No se veía bien desde ese puesto, había que estar más atrás”, nos cuenta don Juanito, haciendo memoria de cómo era el teatro.
“Daban hartas películas mexicanas. El teatro era un lugar elegante. Tenía la entrada por Cochrane. Ahí estaban las boleterías. Había unas mamparas por donde se ingresaba a la sala. Las escalas eran de mármol y los pasamanos de bronce. Había lámparas y cortinas, especialmente en el escenario. La galería estaba adelante, igual que en el teatro de la Refinería, y la platea se desplegaba atrás. Los dos niveles tenían butacas, pero las de la platea eran más confortables”, añade el relato de don Juanito Rifo.
Y, antes de terminar su interesante descripción del teatro de Fanaloza, el señor Rifo nos dice que para él resultaba curioso que a ambos lados de la platea había dos zonas cerradas, reservadas para los dueños de la empresa, la familia Díaz. Nadie más podía ingresar a esos sitios dentro del recinto. La idea, al parecer, imitaba a los balcones destinados tanto a la Presidencia de la República, como a las autoridades edilicias del teatro Municipal de Santiago, con la diferencia que los del teatro de Penco, estaban localizados atrás.
Luego de su destrucción en 1939, Fanaloza no intentó reconstruirlo, sin embargo, la empresa utilizó parte de los muros para la levantar el edificio corporativo, según nos cuenta el señor Rifo. Baste agregar que este último tampoco existe, porque fue demolido en el 2011.   

Sunday, June 12, 2016

FECUNDA FUE LA LABOR SOCIAL Y CULTURAL DE DON ÓSCAR CONTRERAS EN PENCO


Luz Irene Contreras muestra la foto del matrimonio de sus padres.
El gran trabajo que cumplió don Óscar Contreras en Fanaloza y en Penco permanece en el recuerdo de mucha gente de la comuna. Su labor en la empresa marcó una época en el campo social por sus resultados y consecuencias vigentes incluso hasta el día de hoy. También contribuyó enormemente en el ámbito de la cultura. Sus contactos con el mundo intelectual, por ejemplo, le sirvieron para organizar charlas en los campos humanísticos y literarios en Penco y en la Universidad de Concepción con la participación de connotados invitados. Personalmente fue un admirador de Gabriela Mistral tanto por la calidad de su poesía como por el hecho de no ser suficientemente estimada en Chile.
Como es sabido, un sector de la intelectualidad chilena mantenía en el ostracismo a la gran poetisa nacional. Esta suerte de injusticia acrecentó en Óscar Contreras su admiración por ella, cuenta a nuestro blog su hija Luz Irene Contreras en su casa de Concepción. Dijo que un escritor uruguayo amigo le envió a su padre una carta escrita en papel de cuaderno narrando un particular episodio ocurrido en Uruguay con nuestra poetisa. Le decía que Gabriela Mistral regresaba de Europa en barco e hizo visitas a Brasil, Argentina y Uruguay. En este último país, cuando el buque se acercó al puerto de Colonia, ella advirtió que había gran cantidad de niños con banderas en el muelle. “Entre los pasajeros debe venir alguien muy importante, que yo desconozco,  para una recepción como ésta”, le comentó Gabriela al capitán, quien le respondió: “Efectivamente, esa persona es usted”. La poetisa se impresionó mucho y dijo que ni en su país la recibían con esa devoción. Don Óscar Contreras le hizo llegar este texto por correo y la poetisa le respondió. Luz Irene cuenta que ella tuvo en sus manos un par de estas cartas de la Mistral. “Recuerdo que estaban escritas con tinta negra y decían ‘Querido compatriota. Si hay una leyenda negra en mi vida, ésa la sembró un chileno’. Sin duda hacía mención a la segregación de que era objeto acá. Lamentablemente esas notas que estaban guardadas en nuestra casa de Penco se han perdido”.
Don Óscar Contreras con su familia en su casa de Cochrane en Penco.
 Luz Irene cuenta también que don Óscar era amigo de Pablo de Rokha, con quien se conocía desde niño en Valparaíso. Sobre esta amistad, Luz Irene dijo a nuestro blog: “Es cierto que Pablo de Rokha tampoco quería a Gabriela, pero mi padre pasaba por alto eso, porque se conocían de chicos. Venía a Penco y se hospedaba en nuestra casa. Era una persona de estrato alto, pero prefería viajar en tercera clase y le gustaba relacionarse con la gente común y corriente. Cuando mi papá lo recibía en la estación llegaba con jaibas cocidas que había comprado en el tren. Entonces se sacaba un zapato y machacaba las patas que comérselas. Era una situación embarazosa para mi padre que su ilustre invitado hiciera algo tan poco elegante en medio de tanta gente. Pero, en fin, ellos eran amigos”. De Rokha daba charlas a los trabajadores en el gimnasio de Fanaloza y firmaba allí mismo sus libros que vendía a los obreros. “Debo reconocer que los loceros que tenían formación leían mucho. Lo sé porque los veía en la biblioteca que mi papá creó para el sindicato industrial. Los obreros leían mucho más que sus jefes”, comenta Luz Irene.
 
Don Óscar Contreras Yáñez estudió en la YMCA de Montevideo donde obtuvo el título de Secretario General de la Asociación Cristiana de Jóvenes, una especialidad enfocada en la enseñanza de la educación física y en el bienestar de las personas. De regreso a su Valparaíso natal fue llamado a integrarse al equipo de profesionales de Fanaloza y por tanto se mudó a Penco. Transcurrían los años treinta. En nuestra ciudad se hospedó en la casa de don Armando Legrand mientras él hallara casa. En el desempeño de sus nuevas funciones, el señor Contreras se abocó a desarrollar el nuevo Departamento de Bienestar de la fábrica, pero al mismo tiempo ejercía la jefatura de personal. Estableció muy buenas relaciones con los trabajadores, especialmente porque por sus manos pasaban los nuevos contratos y porque le correspondía ver el tema de las asignaciones familiares, el funcionamiento de la sala cuna, etc. Monitoreaba también las tareas de las asistentes sociales. Veía la distribución de las casas construidas por la empresa para sus trabajadores. Desde su llegada a la empresa se preocupó de equipar a la fábrica de buenos baños con duchas. Para entonces la práctica común de algunos trabajadores era salir de la planta sin asearse. A partir de entonces se generalizó el hábito de bañarse después de cada jornada laboral. Don Óscar Contreras fue un buen mediador gracias a sus características personales, sus conocimientos y su fluida relación con la propiedad de la empresa. De ese modo ayudaba a la solución de problemas. Sin embargo, su labor social centrada en el bienestar fue todavía más allá del ámbito de la fábrica. Trabajó para la comunidad pencona, fue así como creó un grupo de boy scouts “la brigada Armando Legrand”. Las jefaturas del grupo las integraban trabajadores de la empresa. Su condición de masón no interfería para multiplicar fuerzas con la parroquia local y acometer juntos una campaña para combatir el alcoholismo. Así se creó la liga anti alcohólica de Penco. El problema estaba presente en la masa laboral locera. Bastaba con mirar al otro de la calle del edificio de la administración de Fanaloza. En la esquina de Infante con Cochrane abría sus puertas la generosa bodega de vinos más importante de Penco propiedad de Juan Pérez Flores. Aquel era sólo un botón de muestra…
Don Óscar Contreras y la señora Ema
Torres el día de su boda en Penco.
Siempre en el ámbito social, don Óscar le dio gran impulso al cuerpo de bomberos local apoyando campañas para la adquisición de equipos, etc.

El señor Contreras, quien había llegado soltero a Penco, se casó aquí con Ema Torres Benavente, hija de dos ilustres vecinos de la comuna don Carlos Torres O’Connor y la señora Luz Benavente Palacios. El matrimonio Contreras Torres tuvo tres hijos: Claudio, Luz Irene y Óscar. El padre de la familia falleció el 21 de mayo de 1959.

Sunday, June 05, 2016

LA PARTICULAR ROSA DE LOS VIENTOS QUE TIENE PENCO



Es difícil vadear la desembocadura del estero Penco sin arriesgar mojar los zapatos hasta el tobillo.
Los informes meteorológicos llegaban sólo a las casas que disponían de una radio y si la había, pero faltaba electricidad, era lo mismo que no tener. Los datos del tiempo atmosférico eran comunicados por ese medio en forma distinta a la usanza de hoy. Chile se dividía en cuatro regiones. El locutor de la emisora decía el pronóstico: “Norte grande, nublado en la costa, despejado en el interior; norte chico, nubes bajas en los valles, lloviznas en la costa; zona central, nubosidad en altura, temperaturas bajas; zona sur, lluvias intensas en los canales con granizos entre la península de tres montes y el faro Evangelistas…” Y eso era todo. Los informes eran muy parcos. No constituían un servicio para los auditores. Por eso, frente a la carencia de un vaticinio más o menos útil, se imponía el conocimiento práctico, eso que los antropólogos llaman experiencia precientífica.
 
En Penco y en Lirquén, los más expertos en predecir el tiempo eran los pescadores y la gente de los campos. Un día de invierno calmo, por ejemplo, era presagio de un temporal. Y era típico, se levantaba un viento de travesía. Se llamaba así a una brisa caprichosa que venía desde el mar, como proveniente de la península de Tumbes. Por lo general esta corriente de aire venía cargada de olor marino Si persistía, ese viento derivaba a norte clásico y con él, las nubes, la lluvia y el temporal. Se cumplía al dedillo el dicho “norte claro, sur oscuro, aguacero seguro”. Eso ocurría en cosa de horas.
dicen que las aves marinas con sus conductas también vaticinan el tiempo atmosférico.
La gente del campo también lo sabía, pero ellos agregaban otro término a esto del tiempo climático. A una brisa fuerte de procedencia distinta la llamaban puelche. Éste era un viento que bajaba de las cordilleras y de las alturas del valle central, a diferencia de la travesía. En Penco, el puelche provenía del cerro Copucho, era sinónimo de buen tiempo, su característica principal: seco y frío. Si soplaba este viento, habría tranquilidad meteorológica por lo menos por tres días.
 
Los niños entendían muy bien esto de los vientos. Era un conocimiento práctico para el propósito de encumbrar volantines. Si soplaba travesía los volantines se orientaban hacia Villarrica, hacia Coihueco, hacia Penco Chico. Si era viento norte, hacia Membrillar, hacia la Refinería. Si era puelche, los volatines, las ñeclas, las peras y los pavos, volaban hacia el mar, hacia la cancha de Gente’Mar. La única condición incontrolable para un encumbrador era el llamado “viento remolineado”. Los volantines se iban donde les daba la gana en el cielo, podían incluso venirse a pique a gran velocidad incluso contra el mismo encumbrador.
 
Pero, el viento más apreciado era el suroeste. Ése soplaba desde la isla Rocuant y su sola presencia vaticinaba buen tiempo, aunque dependiendo de su fuerza en Playa Negra, por ejemplo, no se podía ni caminar por la arenisca levantada por las rachas azotando contra los pies. 
 

Friday, June 03, 2016

CERRO VERDE SE PONE DE PIE PARA RECUPERAR SU FARO CENTENARIO


Vista sesgada del faro de Cerro Verde.
Cerro Verde Bajo tiene dos emblemas visibles de su pasado, que datan, sin duda, de más de un siglo, uno es la ranfla y el otro, su faro. Veo con optimismo que los vecinos están en pie para recuperar este último en el contexto de una campaña del programa Quiero mi Barrio, del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo y la Municipalidad de Penco.
El faro está abandonado por más de cincuenta años. La Armada de Chile lo emplazó en una suave elevación natural en el extremo de la puntilla cerroverdina. La sólida estructura de hierro están empotrada en una base de hormigón en el punto desde donde se ve toda la bahía y prácticamente el total de la costa de la comuna pencona partiendo por la desembocadura del río Andalién por el sur, hasta punta de Parra por el norte.
El interior del habitáculo destinado al combustible.
En ese estratégico sitio, el faro con su luz advertía del peligro de acercarse demasiado a la costa y evitar accidentes a buques comerciales. El faro fue un ícono, pero también una compañía, una imagen familiar. En las noches de temporales resultaba tranquilizador a los niños divisar los destellos en medio de la lluvia y el viento.  Un faro es siempre referente de leyendas, de historias, de mitos. Grandes escritores como Julio Verne han narrado novelas alrededor de ellos. Baste mencionar El Faro del Fin del Mundo emplazado en cabo San Juan, en la isla de los Estados al sur de Argentina.
El faro Evangelistas en el Pacífico Austral.
Y Chile cuenta con el mítico Faro Evangelistas situado en un desolado islote en la boca norte del Estrecho de Magallanes. Y Penco, sin ser menos, anota en su historia la existencia de su Faro de Cerro Verde. Dicen que servía a los barcos que cargaban carbón extraído de los piques cerroverdinos propiedad del ciudadano alemán Augusto Kayser. El combustible estaba destinado a alimentar las calderas de los buques de la Armada durante la Guerra del Pacífico. Esta información puramente oral llega a nosotros fruto de conversaciones con gente del villorrio.


Hay vecinos de Cerro Verde que aún recuerdan que todas las semanas venían los marinos desde Talcahuano a cambiar los balones de gas que usaba el faro.
Para quienes no han visitado el promontorio donde se encuentra esta estructura, le informamos que el viento silba por entre las rendijas horadadas por el tiempo. Suponemos que el silbido tiene que ser mayor cuando azotan el norte o la travesía.
Penco visto desde el faro.
Nos parece estupendo que los vecinos y las autoridades se pongan en campaña para revivirlo y darle un nuevo destino sin que pierda su característica principal: ser un faro.
Al fondo de la imagen, casas de Cerro Verde Alto.

Sunday, May 29, 2016

HARTAS HISTORIAS Y ANÉCDOTAS DE PENCO Y LIRQUÉN SE CONOCIERON EN EL DÍA DEL PATRIMONIO


Parte del recorrido patrimonial: visita a un barrio de Vipla en Lirquén.
Texto preparado por Jaime Robles, presidente de la Sociedad de Historia de Penco.
Fotos: Jaime Robles y Roberto Melo.
Domingo 29 de mayo, y en Penco la lluvia no da tregua, nadie le comentó a San Isidro que para el Día del Patrimonio todos colaboran, y no hay excepción para los sacros personajes.  Pero como los refranes son para vivirlos, y  no lamentarlos, "al mal tiempo, buena cara"; así que los entusiastas pencones querendones de su historia, nos convocamos en actividades conmemorativas...
Jaime Robles se refiere a los orígenes de Penco.
Lo primero fue una actividad organizada para el medio día, por el Colectivo de Jóvenes "Cultura Penco - Lirquén", quienes invitaron al inclaudicable coleccionista y reciclador del pasado refinero Mario Fuentealba, quien mantiene una nutrida colección de piezas, objetos, herramientas, documentos y un largo etcétera, que dan cuenta del trajín social, deportivo, cultural y fabril de la Refinería CRAV Penco.  Junto a ello, Jaime Robles, presidente de la Sociedad de Historia de Penco, dictó una conferencia, que por lo controversial de su temática, permitió dos títulos  "Penco, la ciudad nunca fundada" ó "Penco, orígenes de su identidad"; al final de la exposición, hubo consenso en los auditores en que ambos conceptos fueron bien comprendidos, lo que permite hacerse una idea de los mágicos pasajes que hacen de Penco, una comarca de historia inusual. Precisamente, ser una urbe que jamás formalmente ha sido fundada, y que se ha ido configurando más bien por el devenir de las contingencias históricas y del tesón de su habitantes. Lo anterior da pié por lo mismo, a comprender que nuestra naturaleza de ser el emplazamiento territorial del Penguco aborigen, derivado por el castellano conquistador en el vocablo "Penco", documentado por innumerables cronistas de toda época, nos llevan a valorar nuestro gentilicio "Pencón", y con ello nuestra identidad. Para ello baste citar a Alonso de Ercilla, refiriéndose a la Batalla de Penco, del 12 de marzo de 1550, "... Allí fue preso el bárbaro Ainavillo, honor de los pencones y caudillo" Canto I de La Araucana.
La delegación local escucha referencias acerca de la antigua pulpería de CRAV.
Esta primera acción de valoración patrimonial, tuvo como escenario la antigua Casa del Administrador de Refinería, la hermosa mansión blanca que se posa en la cima de una muy leve colina por calle Roberto Ovalle. Hoy dicha construcción acoge a la Comunidad Terapéutica Padre Pedro Arregui, dependiente del Arzobispado de Concepción, cuyo personal colaboró facilitando este hermoso inmueble, y siendo entusiastas participes del recorrido intelectual y emocional por nuestro más remoto pasado.
Objetos del pasado de la colección privada de Mario Fuentealba exhibida a los visitantes.
Ya en horas de la tarde, cerca de las 15:00 hrs., y alero del Municipio de Penco, a través de su Departamento de Cultura que dirige Gonzalo Bustos, en conjunto con la Sociedad de Historia de Penco, y las organizaciones sociales de los Barrios Patrimoniales Crav, Fanaloza y Vipla, emprendimos un detallado recorrido por los espacios púbicos y entornos de cada cual, en donde los vecinos fueron aportando datos que complementaron el relato preparado por los guías previamente definidos para cada sector, cabe destacar aquí su aporte, en Refinería fueron los guías Cristina Suarez, José Maldonado y Guillermo Henríquez; en Fanaloza (poblaciones Juan Díaz y Facundo Díaz) las señoras Yolanda Molina y Yolanda Aranguiz; y en Vipla, la señora Rosa Bustos.
En Lirquén la señora Rosa Bustos cuenta la historia de la antiguas casas de solteros, en Vipla.
En el Barrio Refinería, se hizo un alto en el caminar, para, cobijados en una muy cómoda sede social de la Junta de Vecinos, admirar el trabajo audiovisual preparado por el periodista Nelson Palma, en el Documental dedicado a la Refinería de Azúcar CRAV Penco. Como era de esperar, no solo sacó aplausos y buenos comentarios, también hizo asomar lágrimas de nostálgica añoranza.
El recorrido fue apoyado por el flamante nuevo bus del municipio, que transportó a los peregrinos de la historia pencona, de un sector a otro, cerrando la actividad con una amena convivencia, que sirvió además para que cada cual diera a conocer su parecer respecto a la experiencia compartida, generándose el acuerdo de hacer nuevos recorridos, que abarquen otros barrios de la comuna, e incluso, durante más veces en el año, no teniendo que esperar el Día del Patrimonio, para enaltecer y reivindicar el patrimonio propio, es decir, el vasto y no siempre tan conocido PATRIMONIO PENCON.
Los amigos de la historia de Penco posan ante la fachada de la iglesia del Divino Redentor en el recinto de la Refinería.
Los participantes fueron agasajados en Vipla al término del recorrido por Penco Patrimonial.
La señora Yolanda Aránguiz fue la guía histórica en la población Juan Díaz Hernández.
Al caer la tarde, los vecinos amantes de la historial local, terminan el recorrido en Lirquén.
Otro aspecto del recorrido por el recinto de la Refinería.
El pasado de Lirquén es narrado por la guía local, señora Rosa Bustos.