Monday, March 30, 2015

"¡LLEGÓ CHARQUI A PENCO!", UN DICHO CON DOS ORÍGENES

Ilustración de un asalto pirata a una ciudad chilena, según el libro de Historia de Chile de Walterio Millar.
¡Llegó charqui a Penco! Esta afirmación la abordamos en nuestro blog el 5 de diciembre de 2009. Entonces sostuvimos la versión más conocida, que la expresión se habría originado en las correrías del corsario inglés Bartholomew Sharpe (1). Y que en respuesta a esa amenaza latente la gente local de la colonia pronunciara despectivamente el apellido Sharpe como “charqui”. Agregábamos también, y a modo de pura especulación nuestra que este filibustero pudo haber pensado en asaltar Penco pero que renunció a ello quizá informado de que la ciudad era una capital militar. A este respecto no hay datos históricos que conozcamos.
Sin embargo, Sharpe asestó duros golpes en otros puntos de la costa de Chile. En Coquimbo fue especialmente sanguinario. El blog piratas y corsarios en la colonia de Chile dice al respecto:
“Como amargo recuerdo de esta incursión de Sharp quedó la frase que se gritaba en Santiago al saberse el desembarco de los piratas en Coquimbo:
¡Llegó Sharp a Coquimbo!”
La  intempestiva aparición del pirata inglés Bartolomé Sharpe en la rada coquimbana ocurrió el 13 de diciembre de 1680. Sharpe y sus secuaces se tomaron La Serena al día siguiente.
 
Está en los anales el asedio de numerosos piratas a las costas de Chile durante décadas posteriores. De ese modo en cada avistamiento de algún barco pirata, los coquimbanos recordaban a Sharpe y gritaban: ¡Ahí viene Charp! Y así pudo surgir ¡Llegó charqui a Coquimbo!
Muchos años después cuando del temido pirata inglés sólo quedó el nombre, al alias charqui se le dio otros usos para situaciones algo paralelas. Benjamín Vicuña Mackenna sostiene que  de ahí viene la expresión popular: “¡Ya llegó Sharp a Coquimbo!" para referirse a la llegada sin aviso de algún sujeto alegre o molestoso a alguna casa, lugar o reunión.
 ¡Llegó charqui a Penco!
 
Según la misma fuente citada al comienzo, nada tiene que ver ese dicho muy popular en Penco con el pirata Sharpe, sino que con el buen y sabroso charqui de Florida, de Ñipas, de Coelemu o de Itata que llegaba a Penco para su comercialización.
Fernando Campos Harriet.
 
Dice el historiador Fernando Campos Harriet: "La verdad es que el dicho recordaba todo lo contrario; que algo bueno había llegado a Penco. Y eso bueno había sido precisamente el charqui. Por eso cuando una niña bonita aparecía en los bailes pencones y vehementes galanes la rodeaban, más de algún viejo envidioso y haciéndosele agua la boca, exclamaba ¡Llegó charqui a Penco!". (2)
 
(1) Usted observó aquí que en este relato el apellido del corsario está escrito de dos maneras Sharp y Sharpe. Según Wikipedia y otras fuentes históricas es Sharp; pero el informe oficial que el pirata presentó al rey de Inglaterra  él lo firmó Sharpe. Nos hemos quedado con esta segunda versión cuando el texto es nuestro y con Sharp cuando proviene de una cita que se decidió por esa opción.
 
(2) El primer relato sobre ese pirata y su relación con Penco aparece en el post del 5 de diciembre de 2009 de este blog. 

Saturday, March 28, 2015

EL DURO OFICIO DE AQUELLAS MUJERES QUE LAVABAN ROPA EN PENCO

Foto tomada de internet (www.pineterest.com).
Para las dueñas de casa de Penco lavar fue siempre un "cacho" hasta que las máquinas lavadoras y las secadoras entraron en el mercado como un aluvión. Antes ellas le sacaban el cuerpo a la obligación de lavar por lo sacrificada y aburrida. Así la ropa sucia se iba juntando en grandes rumas en los hogares. Esta situación por sí sola creó el oficio de lavandera, mujeres que prestaban el servicio de lavar ropa. Y las había de dos tipos, una las que llevaban la ropa sucia ajena para lavarla en sus casas; y la otra, era el lavado a domicilio. Un trabajo no apetecido, de baja remuneración y harto sacrificio.

Aquellas que lavaban en sus casas tenían las herramientas: una artesa o batea de madera, una tabla para restregar y una escobilla de mano con cerdas de escoba. La ropa la remojaban en abundante agua y detergente en la artesa y luego venía el refregado con la escobillas contra la tabla de lavar. Dependiendo de la cantidad de mugre, el agua sucia quedaba de color gris. La lavandera entonces quitaba el tapón de la batea y el agua se iba por gravedad, caía a una acequia y el curso seguía hasta la calle. El agua sucia corría por la calle y se iba a la pozos de aguas-lluvia. Después venía el primer enjuague en la misma artesa, el segundo enjuague y a colgar la ropa en largos alambres en los patios. El viento pencón hacía lo suyo y a las pocas horas las sábanas estaban listas para ser entregadas a la clientela. El resto de la ropa también. Las camisas se planchaban, lo demás iba así no más. A menos de una cuadra de la plaza de Penco se veía la evidencia de esta actividad emprendedora por la calle Las Heras –cuando lucía adoquines-- donde sus cunetas estaban la mayor de las veces cargadas de agua fétida.


Las lavanderas a domicilio tenían menos recursos. Iban de casa en casa prestando sus servicios. Se instalaban a lavar todo el día. Sus manos sin protección permanecían metidas en el agua con detergente (lavasa) restregando y restregando. Al final de la jornada se retiraban agotadas de tanto estar de pie, e inclinadas aplicando su fuerza sobre la tabla de lavar. Pero, regresaban contentas a sus modestos hogares con algo de dinero y con la esperanza de obtener algo más al día siguiente en otra casa pencona. 

Tuesday, March 24, 2015

EN PENCO SI NO HABÍA PLATA SE COMPRABA AL RAYEO


En Penco no se conocía el dinero de plástico ni menos las tarjetas de crédito tampoco las de débito, pero no por esa carencia la economía se detenía. Eso ocurría en los años de la década de 1950. Como la gente no tenía plata todo el tiempo y había que vender, el comercio local ideó una fórmula para hacer salir sus mercancías. Varios negocios inventaron la venta con libreta, la que operaba más o menos de la siguiente manera:
 
El tendero tenía un libro en el que destinaba varias hojas a un determinado cliente. Allí anotaba el detalle de cada producto solicitado por la persona, con el peso y el valor. Y dejaba constancia de los mismos datos de la compra en una libreta pequeña que estaba en poder del comprador. Entonces la información quedaba registrada en el libro y en la libreta. El tendero tenía que guardar su libro como hueso santo y el cliente aferrarse a su libreta para no extraviarla, allí estaba toda la información válida para el momento en que había que pagar la deuda.
 
Los  pagos se efectuaban cada quincena o a fin de mes. Se cancelaba toda la deuda. Y a partir de ese momento el crédito quedaba abierto nuevamente.
 
Esta modalidad de las libretas se concedía solamente a las personas que podían solventar las compras cada mes. Y los únicos que tenían la seguridad de recibir dinero a tiempo (su sueldo) eran los trabajadores de las industrias locales. De ellos se sabía que no habría morosos. En otro post señalábamos que un carnicero publicaba una lista de aquellos clientes flojos para pagar. La lista estaba a la vista del público en la ventana del local hasta que aquel se acercara a cancelar. Cumplido el compromiso se retiraba el nombre de la lista y se le ponía un timbre a la libreta: pagado.

Las bodegas de vino también concedían crédito para el “medio pato” (medio litro de vino pipeño) para aquellos parroquianos que no tenían efectivo en algún momento, pero sí la necesidad de remojar la garganta. Los bodegueros anotaban la deuda en su libro, salvo que en este caso al cliente no se le pasaba ninguna libreta. Bastaba la buena fe del expendedor.

Fue así como nació una expresión típica en Penco “tomar al rayeo”. Esto era que hecha la compra sin cash, el deudor firmaba en el libro donde quedaba registrada la deuda. Muchas veces la tal firma era una “mosca” o, si usted quiere, una raya. De allí el concepto popular: el rayeo. Pero, incluso los clientes más borrachines debían demostrar algún ingreso estable para acceder al rayeo en alguna bodega pencona y poder apagar la sed a cualquiera hora del día y sin chinchín.

Monday, March 16, 2015

UNA EXPERIENCIA TENEBROSA EN LA PLAYA DE PENCO EN 1974

NOTA DE LA EDITORIAL: La presente historia en primera persona nos ha llegado de Venezuela. Agradecemos a Iván Ramos Castro.

La playa de Penco, escenario de esta curiosa historia.
 
DE QUE VUELAN... VUELAN 
 
Por Iván Ramos Castro
 
A veces, cuando me encuentro con un compatriota conocido que viene de regreso de Chile a la isla, no puedo dejar de preguntarle: ¿como está el tiempo por allá?, La respuesta es casi siempre la misma: Bueno fijate, en las mañanas un poco de fresco, pero después..Todo esto a consecuencia de que como le han dado tanto bombo a esto del cambio climático y otros detalles técnicos que solo incumben a los geofísicos, astrónomos y por supuetos a los gobernantes de cada uno de los paises de este planeta. Para este tema sobran opinólogos de tendencias varias, incluso existe un Partido Verde que se la juega por un mejor pasar para el hombre y sus hermanos menores aquí en la tierra. Pero claro, esto es na`que ver con el tema que les quería plantear y, que por estos lares, también es del conocimiento popular, como lo es el tema de lasa artes ocultas. De partida, esa es una creencia que viene del otro lado del océano Atlantico y por acá si tales manifestaciones ya existían, terminaron fusionándose con las de los esclavos venidos de Africa, lo que se conoce hoy como Santería, Vudú, Macumba, el culto a María Lionza acá en el estado Yaracuy, Venezuela. Como fenómeno social, han sido ya investigados y muchas teorías y estudios ya se han publicado al respecto. Creanme, en lo que a mi respecta, "no creo en brujos Garay, pero de haberlos..."
 
TODO COMENZÓ EN LA PLAYA

Todo este rollo se me viene a la mente en base a una "experiencia personal", "realismo mágico", dirán otros, pero lo juro por la suela de mis zapatos de que el siguiente relato es verídico: Fue a comienzos del verano del año 1974. Ya estaba haciendo preparativos para mi viaje al extranjero, sin tener en mente aun a que pais largarme. La crisis económica era tal que ninguno de los planificadores económicos de turno daba en el clavo, todo era un experimento en lo económico, por cierto que apoyados por toda una maquinaria que infundía terror en la gran mayoría de la población. Era bastante común ver a gente trabajadora desmayarse de hambre al regresar del trabajo, lo vi personalmente por la calle Barros Arana muy cerca de la plaza o en los propios autobuses del recorrido Concepción-Penco-Lirquén. Muchos choferes de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, más conocida como la ETCE, recogian trabajadores por la puerta trasera para no cobrarles el pasaje en horas tempranas, los inspectores que subian a recortar boletos en cualquier punto de la ruta, tambien hacian la vista gorda. "Tremenda pelazón mi llave..", dirian por acá en Venezuela, pero bueno, todo esto fue para situarnos mejor en el contexto. Mi hermano Gastón me colaboró con los materiales para levantar el kiosco en el balneario, recuerdo que el camarada Tiznado, quien trabajaba en el municipio me recomendó el mejor lugar, muy cerca de donde se levantaban las duchas y vestidores. Mi compañera, adornó la puerta de entrada totalmente con cajas de cigarrillos de todas partes del mundo, y yo por mi parte puse en todo el frente del local, diez remolinos hechos en cartulina de colores rojo y negro, los cuales giraban como queriendo alzar vuelo. Toda una suerte de rebeldía giratoria. Como a los tres dias de abierto el local, una comisión de carabineros se apersonó al sitio verificando los permisos, muchos de mis amigos, quienes me habían advertido acerca de la tonalidad irreverente de los remolinos, por ser los colores de la Izquierda Revolucionaria en ese momento, como todas las organizaciones de izquierda, proscritas. Pensaron de que nos iban a detener y clausurar la venta. El Oficial apenas miró los papeles sellados por la Alcaldía, nos deseo suerte y continuaron su acostumbrado recorrido. Al cuarto dia, a eso de las cinco de la tarde, se acercó un gordo bigotudo con una inmensa radio encendida y sintonizando la emisora "Voz y Progreso" de radio Moscú en idioma castellano. Hablaban de Chile y de cuanto aquí ocurría y que por supuesto alguna gente jamás creyó y aun no cree, así les muestren la evidencia por los informativos. El tipo me pareció sospechoso desde el principio, insistía en preguntarnos si sabiamos de donde venían tales ondas. - ¡Será que vienen de por ahí de Coihueco puh! Ni gil decirle que venían desde Moscú. Al poco rato se largó con su aparato a otra parte y no lo volvimos a ver.
 
UNA EXTRAÑA AVE NOCTURNA
 
Al quinto dia, no pasó nada, todo fue tranquilo y con mis compadres de siempre que me acompañaban, jugábamos una partida de ajedrez tras otra. Cayó la tarde y decidi quedarme como las otras noches a dormir en el kiosco, a cuidarlo por si las moscas..
Serían como las doce de la noche y el movimiento de carros de trenes haciendo cambios y maniobras en las vias, más parecía una bombardéo aereo enfrentandose a la artillería. De pronto se hizo un silencio que parecía durar el resto de las horas, cuando sobre una pequeña palmera ubicada a un costado del techo sentí posarse a un pájaro y a quien le dio por ponerse a cantar de una manera tal como me lo había contado nuestra madre: "tuetue-tuetue-tuetue.." Tal asociación me puso los pelos de punta, pero después, me serené y decidí hablarle como si fuera un invitado, total, era solo entre él y yo: "Mire mi amigo, ¿porque no viene mañana a tomarse una Pilsener?" Casi al instante el extraño pajarraco se calmó y prontamente alzó vuelo largándose se ahí. Al poco apague el radio y me dormí como un gato. Me tocaron la puerta temprano, eran mis socias. Al abrir me di cuenta de que eran como las nueve y media y la playa estaba llenándose, poco después me fui a comprar jamón, queso y mortadela al mercado y dos docenas de chupetas de helado de la Heladería Rex. Al salir alcancé a divisar a un tipo sentado de frente al negocio en posición de loto y con sus ojos semicerrados. -"Un lunático" pensé, y me fui a las compras. A mi regreso, mis socias estaban algo preocupadas, puesto de que el extraño sujeto se les había acercado y preguntado por mí. Ya eran cerca de las once de la mañana y el hombre seguía de nuevo como en meditación Zen. Opté no pararle bola al asunto y me puse a jugar un encarnizada partida de ajedrez con mi amigo Pito, quién hacia rato quería ir a darle una aclarada al sospechoso, pues según el, tenía pinta de ser un punga. Lo calmé y seguimos el juego despreocupados, de pronto una de mis socias me llama. Era el tipo, ahí, parado frente a nosotros como queriendo entablar una conversación. Era de mediana estatura, flaco y de sus penetrantes ojos verdes dejaba escapar a veces una mirada huidiza, no daba bien la cara, de pelo ralo y castaño, vestía camisa a cuadritos color café claro con lineas negritas, pantalón negro a rayas y zapatos del mismo color, pero sin medias. Sacó de uno de sus bolsillos un gran mazo de cartas del Tarot Marsellés, ajado y medio borroso por la grasa dejada por sus manos de largos dedos al igual que sus sucias y mal recortadas uñas.
 
A LA HORA DEL TREN
La pasada del tren apuró el desenlace de este cuento (imagen procesada con Photoshop).
No pasaba de los cuarenta: "Suerte - me dijo - ¿quiere vérsela? - Caramba, pensé, resultó ser un charlatán el hombrecito este. - No, respondí, gracias. Guardó las cartas y miró hacia el tunel de Punta de Parra. - El tren, allá viene el tren; dijo indicándomelo con su mano. - ¿Y eso que? dije. Bueno, es que en ese tren me voy jefe. Lo dejé y me fui a terminar la partida. A las cuarta jugada siguientes, perdí una torre, a la sexta, la reina y poco despues me clavaron feróz mate. Mi amigo el Pito de la Loza estaba felíz, me ofreció la revancha pero un nuevo llamado de mis socias me obligó a posponer la revancha. Ahí seguía el tipo, sus manos temblorosas se movían como convulsionando. - "Este gallo como que se deshidrato en la playa caramba", pensé. - Que pasa hombre, le pregunto. - Bueno jefe, es que ahí viene el tren y.., - Si, ahí venía el tren de Dichato, puntual a mediodía. - ¿Necesita dinero? le dije. Movió su cabeza negativamente, de sus ojos parecía querer brotar  una expresión de ira contenida, entonces para que se terminara de largar, saque una bebida gaseosa diciéndole: - ¿quieres una? Entonces, el individuo, de quien supe despues era un gitano cuya carpa estaba levantada cerca de Talcahuano, mirándome fijamente a los ojos me dijo: "refresco no, yo vine por la Pilsener que me ofreciste anoche..". Reaccioné nervioso y a tiritones, como pude metí mano a la nevera, saqué la bendita cerveza, la fui a destapar pero el destapador lo que hacía resbalar una y otra vez de la tapa. El gitano estiró su mano y quitándomela la destapó con sus dientes. Se la mandó al hilo sin respirar siquiera, dejó la botella vacía tirada sobre el mostrador y sin despedirse siquiera, lo vimos pegar veloz carrera hacía la estación para alcanzar su tren.
 
PISANDO LOS TALONES

Esa tarde me fuí a casa, mi padre me había confinado a un cuarto pequeño y el resto se lo había alquilado a la familia de César González, más conocido como el "Negro Peter", quién por cierto fuera unos años antes, Campeón Nacional de Boxeo de la categoría peso pesado. Su esposa María al verme aparecer lo primero que me dijo fue: "Mire que andaba preguntando por usté bien tempranito, un tipo medio estrafalario con pinta de gitano.."    Nunca más lo volvimos a ver, ni a escuchar por los alrededores el canto aquel extraño pájaro.

  

Friday, March 13, 2015

REALIDAD Y MITO DE LA CURVA DEL INGENIERO A 44 KM DE PENCO

La curva del ingeniero saliendo de Florida en dirección a Quillón.
A 47 kilómetros de Concepción por el camino a Bulnes (ruta 148) nos encontramos con la curva del ingeniero; esto es a unos 500 metros al noreste de Florida saliendo del pueblo con destino a Quillón. Si midiéramos desde Penco, la mencionada curva está a unos 43 kilómetros siguiendo el camino real (de Villarrica) y empalmando con la 148.
El sentido y la pendiente de la famosa curva.
Desde hace ya tiempo que se dice que dicha curva es inoficiosa y que en realidad el camino debería evitarla y seguir la línea recta. Sin embargo, durante todas las reparaciones a la que ha sido sometida e, incluso, algunas correcciones de trazado no la evitan, la curva sigue estando allí.
LA REALIDAD. Todo indica que los cálculos matemáticos desaconsejan trazar la ruta en línea recta porque por la diferencia de grados entre el valle y la cumbre es demasiado en un tramo  muy corto; la pendiente sería muy empinada para que todos los vehículos pudieran transitar por ella. Así fue desde un principio. Los equipos de ingenieros que trabajaron en la construcción del camino convinieron en que para superar la pendiente fuerte había que generar la famosa curva, en especial si se tiene en cuenta que en aquellos años los vehículos seguramente tenían menos fuerza.
O sea, la variante caminera fue la receta para solucionar la tentación de trazar la línea recta. La subida habría sido insufrible para los motores. Han transcurrido los años y la curva sigue ahí y seguirá. Los viajeros inexpertos igualmente se preguntarán cada vez por qué no se evitó la curva.
La viña que "se salvó" gracias a la curva, según cuenta la tradición de Florida.
EL MITO. La tradición dice que los equipos de ingenieros tenían planeado construir el camino en línea recta, pero que esa decisión significaría dividir por la mitad, o sea, destruir una hermosa viña de vides país que todavía existe ahí. Dicen que la hija del dueño de la viña era una joven muy atractiva. De ella se enamoró el ingeniero jefe. No cabe duda, continúa la tradición, que el ingeniero le prometió a la muchacha realizar el desvío a cambio de su corazón. Sentimentalmente así habría ocurrido y desde entonces los usuarios heredamos la curva, que lleva el nombre de curva del ingeniero como un recuerdo a uno de los protagonistas de este affaire amoroso.

Thursday, March 12, 2015

CANCIONES Y TRADICIÓN MAPUCHE HUBO EN FIESTA DE LA ETNIA EN PENCO

 
Aspecto de la fiesta de la etnia mapuche en cerro de Penco.
Las asociaciones mapuches de la región expresan sus tradiciones, su lengua, su cultura y su arte a través de encuentros públicos como el registrado en febrero último en el mirador del cerro Corhabit, al final de la calle Los Olivos de Penco.
Dicho encuentro convocó a asociados de Tomé, Dichato, Hualpén, Talcahuano, Lota, Coronel, Concepción y Penco. Fue éste el segundo de estos programas culturales de corte étnico con participación más amplia ya que el año pasado sólo reunió a gente de Penco.
Carmen Sáez Liencura y José Lefio Painén de la asociación Coñintu Lafquén Mapu, de Penco junto a una rama de canelo.
Organizó este segundo encuentro la asociación Coñintu Lafquén Mapu Penco (Mujeres de la Tierra y el Mar) que preside María Flores Quilapán. Según la información que nos entregó Carmen Sáez Liencura el programa de actividades  –que contó con el apoyo del municipio de Penco— incluyó un partido del juego de chueca, una charla sobre hierbas medicinales, un cóctel mapuche con comidas típicas, la actuación de dos reconocidos cantantes de la etnia Joel Maripil y Beatriz Pichi Malén y la presentación del grupo de danzas araucanas de Coronel.
José Lefio Painén, de la asociación de Penco que reúne a 72 integrantes, agradeció el apoyo técnico facilitado por la Municipalidad local para la realización del programa consistente en equipos de alto parlantes y vallas protectoras.
Este encuentro formó parte de la pauta de actividades culturales en el contexto de la celebración del cuadragésimo quincuagésimo sexto (456) aniversario de la comuna a fines de febrero pasado. 

Tuesday, February 24, 2015

ENCANTOS ESCONDIDOS DEL CAMINO REAL PENCO-FLORIDA


Esta linda sonrisa nos recibió en el caserío de Roa.
 
La ruta Penco-Florida, un camino por descubrir.
Hagamos un viaje, un recorrido atípico por el camino Penco-Florida del que no hay más información que la que circula de boca en boca. Los mapas de internet son vagos. Es cosa de chequear: los trazados de rutas interiores parecen inexactos. Por eso nos propusimos aclarar dudas y crear nuestro propio mapa. Fue así que con la buena voluntad de mi amigo Manuel Suárez salimos a la aventura: ir a Florida por el Camino Real de los tiempos de la Colonia, nuestro actual camino de Villarrica o, si usted quiere, por la ruta 0-390 según la moderna nomenclatura caminera del Ministerio de Obras Públicas. Nos dicen que el recorrido es de 44 kilómetros. Lo verificaremos. ¿Nos acompañan? ¡Vamos!
Salimos a las 9:10 de la mañana. Por calle Cruz pasamos la esquina de Robles y comenzamos a subir hacia Villarrica. Vamos en una RAV4 de Toyota. Al inicio, el camino está pavimentado, en excelente condiciones aunque sus bandas se ven atestadas de vehículos estacionados. Pasamos frente al mirador de calle Alcázar. Pocos metros más arriba se termina el asfalto y comienza el camino de tierra. A la derecha, la laguna artificial de Lomarjú. Seguimos adelante, subiendo… A los 4 kilómetros de marcha, por el costado izquierdo se halla el complejo del restaurant Zulema. Sin embargo, por el lado derecho del camino hay gran cantidad de basura. Sin duda gente inescrupulosa aprovecha la noche para ir botar por allí sus porquerías.
La información caminera comienza saliendo de Penco.
Apenas un poco más arriba está el cruce del fundo El Cabrito. Luego de recorrer los primeros  7 km a la derecha se abre el desvío a Las Pataguas y al Puente 3. Y a nosotros nos parece que la cuesta no termina nunca, así las cosas desde que salimos de Penco. A los 8 km nos encontramos con el cruce Los Varones. Con Manuel Suárez nos preguntamos si el lugar se escribe con “v” o con “b”. Tal como está escrito en el letrero sugiere que hubo alguna vez unas varas seguramente para que jinetes amarraran sus caballos durante un descanso. O, también, que las varas marcaran la puerta hacia alguna propiedad.
Un lugar con ortografía variable.
En cambio, si se escribiera con “b”, por ejemplo Los Barones, el origen del nombre se relacionaría con la nobleza europea. Si éste fue el Camino Real de la Colonia, tendría sentido eso de “barón”. No sería extraño que con el advenimiento de la república, al lugar le hayan modificado la ortografía. Al fin y al cabo siguió y seguirá siendo Los Varones, suena igual, pero se escribe distinto.
La ruta del Itata vista desde el paso sobre nivel Primer Agua.
Hay un par de casas en Los Varones, el camino recto conduce a Primer Agua Abajo y al enlace de la ruta a Punta de Parra. Pero, dejemos por fin Los Varones y tomemos el desvío del costado derecho para continuar hacia nuestro destino. El desvío que mencionamos está hacia el oriente. Más adelante un letrero nos indica que ya estamos en la parte alta de Primera Agua.  Avanzamos un centenar de metros y cruzamos el paso sobre nivel de la carretera del Itata. En este punto,  nuestro registro nos indica que hemos andado 9 kilómetros.
Impresionante panorámica captada desde los altos de Primer Agua.
A los 10 km nos encontramos con unas antenas de comunicaciones, hecho que nos indica que ya hemos llegado bastante alto en este recorrido. Nos detenemos en ese sitio para captar una bella panorámica hacia el sur. Se ven cerros, el valle central y al fondo, la cordillera de Los Andes. Después de tomar las fotos, retomamos la marcha…
Son frecuentes los descansos funerarios a lo largo de la ruta. En este caso, faltaban 11 km para llegar al cementerio pencón.
Cuando llegamos al km 13 ya estamos en el caserío de Agua Amarilla. Hacia el costado norte hay una vega amplia con animales. En tanto que a la derecha tenemos una casona antigua debajo de unos gruesos y añosos cipreses. Más allá de las vegas se despliega un grupo de viviendas de techos de zinc. Cuando proseguimos, el camino se hace sinuoso nuevamente, se cierra en partes. En este recorrido nos encontramos con cuadrillas de trabajadores del Ministerio de Obras Públicas limpiando de maleza seca de los costados de la ruta para prevenir incendios.
Vegas de Agua Amarilla.
Un niño en la mayor casona de Agua Amarilla.
Un toro solitario en un potrero de Agua Amarilla.
Tres kilómetros más adelante un letrero nos indica que estamos en un lugar llamado Juan Chico. No hay nada que ver ahí salvo zarzamoras y malezas cubiertas de polvo. Otra señal caminera dice que desde ese punto podríamos ir al Puente 5 si tomamos el desvío que hay al lado derecho. Pero, Roa es el hito más importante que nos reserva este viaje, está siete kilómetros más adelante. Estoy ansioso por llegar ahí.
Densos bosques de pinos descuidados nos rodean. Decimos descuidados porque no los podaron y exhiben sus ramas secas hasta el suelo, combustible puro y simple para arder ante cualquier descuido humano. Así seguimos avanzando, a lo largo de estos 16 kilómetros de marcha sólo nos hemos encontrado con dos camiones madereros. De pronto, llegamos a una altura y desde ahí empezamos a bajar por una pendiente que nos conduce a un valle estrecho, ignoto y perdido. Allí abajo hay un puente sin barandas que nadie adivinaría de no ser por un letrero caminero: Estero Aguas Sonadoras. Este nombre estaba allá en el fondo de mis recuerdos. Aquí hay que detenerse de todas maneras aunque sea sólo por algunos minutos.
El entorno bucólico de Aguas Sonadoras.
En el silencio del lugar se oye el sonido del agua bajo el puente sin barandas, diez metros más adelante.
 Aguas Sonadoras podría ser un punto cualquiera de este camino maravilloso. Pero, es un sitio histórico y –digamos-- lleno de fantasmas. Aquí se detenían las carretas que viajaban lentamente a Penco. Los viajeros de esos años se tomaban un descanso y aprovechaban de abrevar a sus bueyes. El agua que corre en pendiente es fresca y amigable. Proviene de los bosques y justo en ese punto hay una enorme piedra en el lecho que genera un pequeño salto. Es el sonido de una cascada, de allí, el nombre del lugar. Era un sitio para pasar la noche, cuando el viaje había sido extenuante. Lavarse la cara, asearse, al día siguiente y tomar un buen desayuno ayudaba a ganar fuerzas para seguir la marcha. En ese punto se juntaban las parejas de carabineros despachadas desde Penco y Florida para las denominadas “entrevistas”. Antaño la policía montada intercambiaba información en ese lugar y sus funcionarios firmaban un acta con la que verificaban que el encuentro efectivamente se había llevado a cabo. La pareja de carabineros que llegaba primero al lugar encendía fuego y preparaba algún puchero para atender a los que venían rezagados desde la dirección  opuesta. La reunión policial en ese sitio podía extenderse por varias horas antes de regresar con sus informes a sus respectivas unidades. Ellos también pernoctaban en Agua Sonadoras antes de emprender el regreso.
El puente a la llegada de Roa.


Letreros camineros que apuntan en distintas direcciones en Roa.

Paradero de micros en el caserío de Roa.

Ambiente de aspecto urbano en Roa.

Manuel Suárez visita al almacén de abarrotes Las Delicias atendido por su dueño Cristian Pierart.

Hacia atrás en el camino está Penco.



El autor de esta crónica en un corredor de Roa.
Nosotros dejamos ese simpático lugar lleno de símbolos y retomamos la marcha a nuestro destino: Florida. Tres kilómetros más allá de Aguas Sonadoras nos encontramos con el hito más esperado de nuestro viaje: la encrucijada caminera de Roa. Se cruza un puente y comienza el camino asfaltado, hecho que le da al lugar la característica de zona urbana. Hay unas veredas, un paradero de micros, buena cantidad de vehículos estacionados, una posta de primeros auxilios, un negocio de abarrotes y casas con hermosos jardines y sitios de esparcimiento.
Roa es para distenderse del viaje, tomarse un buen relajo, un refrigerio, conversar con gente, hacer preguntas y observar. Efectivamente caminos en distintas direcciones convergen en ese punto. El caserío es atractivo y es un buen lugar para captar imágenes, comprar algunas artesanías, tomarse una bebida gaseosa, ir al baño o visitar la posta en caso de alguna necesidad. Después de dialogar con la gente amable del lugar es hora de retomar el viaje.
Roa tiene carácter, es estiloso en el contexto rural extremo que nos había deparado el Camino Real hasta este punto. Pero, no nos ilusionemos mucho con este entorno urbano, el pavimento termina cuatrocientos metros más allá y volvemos al camino de polvo y al ambiente rural. Entre Roa y Penco median 23 kilómetros, según nuestro registro. Sin embargo, para los letreros del MOP la distancia entre ambos puntos es de 30 kms. Pero, lo que nos interesa es que Florida parece estar a la vuelta de la esquina desde Roa.
En el desvío al fundo Santa Rita, a 3 km al oriente de Roa, están los restos de una bodega de vinos.
Seguimos avanzando ahora por el camino de ripiado bien mantenido, duro y compactado. A los 26 kilómetros nos encontramos con el cruce del fundo Santa Rita; en una loma junto al desvío se observan los restos de una bodega de vinos destruida con barriles y cubas expuestos al aire libre, abandonados. El camino a Santa Rita está al lado izquierdo y se dirige al norte.
Entrada al fundo Trecacura en medio del bosque de pinos.
Un kilómetro más adelante y en medio de un bosque de pinos nos encontramos con el cruce al fundo Trecacura Grande, propiedad de Celulosa Constitución. Seguimos avanzando, cuando hemos llegado a los 31 kilómetros desde Penco (según el cuenta kilómetros del Toyota), está el acceso al fundo Manco, el camino se abre a la izquierda. Hay un letrero de advertencia que por ahí pasa el oleoducto que viene de San Vicente. Un centenar de metros más adelante siempre por la ruta 0-390  se levanta la capilla de San Sebastián de Manco. Toda pintada de blanco es un hito interesante en nuestro camino. Por detrás, pero apegada a la iglesia está el edificio de la conspicua escuela de Manco.
La capilla del fundo Manco.
Cuando alcanzamos los 37 kilómetros de marcha nos encontramos con el puente de Las Lajuelas. Antes de continuar viaje, Manuel Suárez me informa que visitaremos a unos amigos de su familia en la casa patronal del fundo Las Lajuelas. Ingresamos por un camino rodeado de encinos por el lado izquierdo. Ya en una hermosa y antigua casa nos recibe con gran sorpresa la señora Ruth Arriagada. Con sus 92 años luce muy jovial y nos invita a tomar descanso en el amplio corredor. Es pasado el mediodía, el sol ilumina generoso todo el jardín en especial las enormes bellas hortensias junto a las tinajas de la entrada. Concluida la visita “de médico” al fundo Las Lajuelas nos despedimos y proseguimos viaje. Para llegar a Florida faltan 8 km, o sea, unos cinco minutos de auto.
Manuel Suárez conversa con la señora Ruth Arriagada en la casa del fundo Las Lajuelas.
 
Hermosa vista de la casa patronal de Las Lajuelas.
La ruta 0-390 o el Camino Real desemboca finalmente a noventa grados sobre la ruta pavimentada Bulnes-Concepción. Un kilómetro a la izquierda tenemos el pueblo de Florida. Hacia allá íbamos. Con una opípara cazuela de vacuno en el restaurant El Mono con Bigote, de calle Serrano  N° 471 termina nuestra aventura Penco-Florida por el camino de Villarrica. El viaje se puede hacer en poco menos de cincuenta minutos en auto. El camino con material pétreo compactado está en buenas condiciones en verano para cualquier tipo vehículo. ¿Le digo mi pensamiento? ¡Hay que volver a recorrer ese camino; es demasiado bello… y desconocido!  El caserío de Roa es encantador. ¡Ah, nuestro cuenta kilómetros marca 41; sin embargo, el letrero caminero de Florida dice Penco 44 km!
---
ANTECEDENTE: El Camino Real que hemos recorrido ya no se llama así, pero fue la vía clave de comunicaciones terrestres durante la Conquista, la Colonia y la Patria Vieja. La recorrieron en distintos momentos de la historia de Penco, los conquistadores españoles, los araucanos, los patriotas, los campesinos y habitantes del lugar en sus tradicionales carretas de bueyes y hoy en día, los camiones madereros. Al unir a Penco con Florida, el Camino Real conectó también por tierra a nuestra ciudad con el norte y el resto del país... o el resto del Reyno de Chile.