Tuesday, February 24, 2015

ENCANTOS ESCONDIDOS DEL CAMINO REAL PENCO-FLORIDA


Esta linda sonrisa nos recibió en el caserío de Roa.
 
La ruta Penco-Florida, un camino por descubrir.
Hagamos un viaje, un recorrido atípico por el camino Penco-Florida del que no hay más información que la que circula de boca en boca. Los mapas de internet son vagos. Es cosa de chequear: los trazados de rutas interiores parecen inexactos. Por eso nos propusimos aclarar dudas y crear nuestro propio mapa. Fue así que con la buena voluntad de mi amigo Manuel Suárez salimos a la aventura: ir a Florida por el Camino Real de los tiempos de la Colonia, nuestro actual camino de Villarrica o, si usted quiere, por la ruta 0-390 según la moderna nomenclatura caminera del Ministerio de Obras Públicas. Nos dicen que el recorrido es de 44 kilómetros. Lo verificaremos. ¿Nos acompañan? ¡Vamos!
Salimos a las 9:10 de la mañana. Por calle Cruz pasamos la esquina de Robles y comenzamos a subir hacia Villarrica. Vamos en una RAV4 de Toyota. Al inicio, el camino está pavimentado, en excelente condiciones aunque sus bandas se ven atestadas de vehículos estacionados. Pasamos frente al mirador de calle Alcázar. Pocos metros más arriba se termina el asfalto y comienza el camino de tierra. A la derecha, la laguna artificial de Lomarjú. Seguimos adelante, subiendo… A los 4 kilómetros de marcha, por el costado izquierdo se halla el complejo del restaurant Zulema. Sin embargo, por el lado derecho del camino hay gran cantidad de basura. Sin duda gente inescrupulosa aprovecha la noche para ir botar por allí sus porquerías.
La información caminera comienza saliendo de Penco.
Apenas un poco más arriba está el cruce del fundo El Cabrito. Luego de recorrer los primeros  7 km a la derecha se abre el desvío a Las Pataguas y al Puente 3. Y a nosotros nos parece que la cuesta no terminara nunca, así las cosas desde que salimos de Penco. A los 8 km nos encontramos con el cruce Los Varones. Con Manuel Suárez nos preguntamos si el lugar se escribe con “v” o con “b”. Tal como está escrito en el letrero sugiere que hubo alguna vez unas varas seguramente para que jinetes amarraran sus caballos durante un descanso. O, también, que las varas marcaran la puerta hacia alguna propiedad.
Un lugar con ortografía variable.
En cambio, si se escribiera con “b”, por ejemplo Los Barones, el origen del nombre se relacionaría con la nobleza europea. Si éste fue el Camino Real de la Colonia, tendría sentido eso de “barón”. No sería extraño que con el advenimiento de la república, al lugar le hayan modificado la ortografía. Al fin y al cabo siguió y seguirá siendo Los Varones, suena igual, pero se escribe distinto.
La ruta del Itata vista desde el paso sobre nivel Primer Agua.
Hay un par de casas en Los Varones, el camino recto conduce a Primer Agua Abajo y al enlace de la ruta a Punta de Parra. Pero, dejemos por fin Los Varones y tomemos el desvío del costado derecho para continuar hacia nuestro destino. El desvío que mencionamos está hacia el oriente. Más adelante un letrero nos indica que ya estamos en la parte alta de Primera Agua.  Avanzamos un centenar de metros y cruzamos el paso sobre nivel de la carretera del Itata. En este punto,  nuestro registro nos indica que hemos andado 9 kilómetros.
Impresionante panorámica captada desde los altos de Primer Agua.
A los 10 km nos encontramos con unas antenas de comunicaciones, hecho que nos indica que ya hemos llegado bastante alto en este recorrido. Nos detenemos en ese sitio para captar una bella panorámica hacia el sur. Se ven cerros, el valle central y al fondo, la cordillera de Los Andes. Después de tomar las fotos, retomamos la marcha…
Son frecuentes los descansos funerarios a lo largo de la ruta. En este caso, faltaban 11 km para llegar al cementerio pencón.
Cuando llegamos al km 13 ya estamos en el caserío de Agua Amarilla. Hacia el costado norte hay una vega amplia con animales. En tanto que a la derecha tenemos una casona antigua debajo de unos gruesos y añosos cipreses. Más allá de las vegas se despliega un grupo de viviendas de techos de zinc. Cuando proseguimos, el camino se hace sinuoso nuevamente, se cierra en partes. En este recorrido nos encontramos con cuadrillas de trabajadores del Ministerio de Obras Públicas limpiando de maleza seca de los costados de la ruta para prevenir incendios.
Vegas de Agua Amarilla.
Un niño en la mayor casona de Agua Amarilla.
Un toro solitario en un potrero de Agua Amarilla.
Tres kilómetros más adelante un letrero nos indica que estamos en un lugar llamado Juan Chico. No hay nada que ver ahí salvo zarzamoras y malezas cubiertas de polvo. Otro letrero nos indica que desde ese punto podríamos ir al Puente 5 si tomamos el desvío que hay al lado derecho. Pero, Roa es el hito más importante que nos reserva este viaje, está siete kilómetros más adelante. Estoy ansioso por llegar ahí.
Densos bosques de pinos descuidados nos rodean. Decimos descuidados porque no los podaron y exhiben sus ramas secas, combustible puro y simple para arder ante cualquier descuido humano. Así seguimos avanzando, a lo largo de estos 16 kilómetros de marcha sólo nos hemos encontrado con dos camiones que transportaban madera. De pronto, llegamos a una altura y desde ahí empezamos a bajar por una pendiente que nos conduce a un valle estrecho, ignoto y perdido. Allí abajo hay un puente sin barandas que nadie adivinaría de no ser por un letrero caminero: Estero Aguas Sonadoras. Este nombre estaba allá en el fondo de mis recuerdos. Aquí hay que detenerse de todas maneras aunque sea sólo por algunos minutos.
El entorno bucólico de Aguas Sonadoras.
En el silencio del lugar se oye el sonido del agua bajo el puente sin barandas, diez metros más adelante.
 Aguas Sonadoras podría ser un punto cualquiera de este camino maravilloso. Pero, es un sitio histórico y –digamos-- lleno de fantasmas. Aquí se detenían las carretas que viajaban lentamente a Penco. Los viajeros de esos años se tomaban un descanso y aprovechaban de abrevar a sus bueyes. El agua que corre en pendiente es fresca y amigable. Proviene de los bosques y justo en ese punto hay una enorme piedra en el lecho que genera un pequeño salto. Es el sonido de una cascada, de allí, el nombre del lugar. Era un sitio para pasar la noche, cuando el viaje había sido extenuante. Lavarse la cara, asearse, al día siguiente y tomar un buen desayuno ayudaba a ganar fuerzas para seguir la marcha. En ese punto se juntaban las parejas de carabineros despachadas desde Penco y Florida para las denominadas “entrevistas”. Antaño la policía montada intercambiaba información en ese lugar y sus funcionarios firmaban un acta con la que verificaban que el encuentro efectivamente se había llevado a cabo. La pareja de carabineros que llegaba primero al lugar encendía fuego y preparaba algún puchero para atender a los que venían rezagados desde la dirección  opuesta. La reunión policial en ese sitio podía extenderse por varias horas antes de regresar con sus informes a sus respectivas unidades. Ellos también pernoctaban en Agua Sonadoras antes de emprender el regreso.
El puente a la llegada de Roa.


Letreros camineros que apuntan en distintas direcciones en Roa.

Paradero de micros en el caserío de Roa.

Ambiente de aspecto urbano en Roa.

Manuel Suárez visita al almacén de abarrotes Las Delicias atendido por su dueño Cristian Pierart.

Hacia atrás en el camino está Penco.



El autor de esta crónica en un corredor de Roa.
Nosotros dejamos ese simpático lugar lleno de símbolos y retomamos la marcha a nuestro destino: Florida. Tres kilómetros más allá de Aguas Sonadoras nos encontramos con el hito más esperado de nuestro viaje: la encrucijada caminera de Roa. Se cruza un puente y comienza el camino asfaltado, hecho que la da al lugar la característica de zona urbana. Hay unas veredas, un paradero de micros, buena cantidad de vehículos estacionados, una posta de primeros auxilios, un negocio de abarrotes y casas con hermosos jardines y sitios de esparcimiento.
Roa es para distenderse del viaje, tomarse un buen relajo, un refrigerio, conversar con gente, hacer preguntas, tomar fotografías. Efectivamente caminos en distintas direcciones salen desde ese punto. El caserío es atractivo y es un buen lugar para captar imágenes, comprar algunas artesanías, tomarse una bebida gaseosa, ir al baño o visitar la posta en caso de alguna necesidad. Después de dialogar con la gente amable del lugar es hora de retomar el viaje.
Roa tiene carácter, es estiloso en el contexto rural extremo que nos había deparado el Camino Real hasta este punto. Pero, no nos ilusionemos mucho con este entorno urbano, el pavimento termina cuatrocientos metros más allá y volvemos al camino de polvo y al ambiente rural. Entre Roa y Penco median 23 kilómetros, según nuestro registro. Sin embargo, para los letreros del MOP la distancia entre ambos puntos es de 30 kms. Pero, lo que nos interesa es que desde Roa Florida parece estar a la vuelta de la esquina.
En el desvío al fundo Santa Rita, a 3 km al oriente de Roa, están los restos de una bodega de vinos.
Seguimos avanzando ahora por el camino de tierra bien mantenido, duro y compactado. A los 26 kilómetros nos encontramos con el cruce del fundo Santa Rita; en una loma junto al desvío se observan los restos de una bodega de vinos con barriles y cubas expuestos al aire libre, abandonados. El camino a Santa Rita está al lado izquierdo y se dirige al norte.
Entrada al fundo Trecacura en medio del bosque de pinos.
Un kilómetro más adelante y en medio de un bosque de pinos nos encontramos con el cruce al fundo Trecacura Grande, propiedad de Celulosa Constitución. Seguimos avanzando, cuando hemos llegado a los 31 kilómetros desde Penco (según el cuenta kilómetros del Toyota), está el acceso al fundo Manco, el camino se abre a la izquierda. Hay un letrero de advertencia que por ahí pasa el oleoducto que viene de San Vicente. Un centenar de metros más adelante siempre por la ruta 0-390  se levanta la capilla de San Sebastián de Manco. Toda pintada de blanco es un hito interesante en nuestro camino. Por detrás, pero apegada a la iglesia está el edificio de la conspicua escuela de Manco.
La capilla del fundo Manco.
Cuando alcanzamos los 37 kilómetros de marcha nos encontramos con el puente de Las Lajuelas. Antes de continuar viaje, Manuel Suárez me informa que visitaremos a unos amigos de su familia en la casa patronal del fundo Las Lajuelas. Ingresamos por un camino rodeado de encinos por el lado izquierdo. Ya en añosa casa nos recibe con gran sorpresa la señora Ruth Arriagada. Con sus 92 años luce muy jovial y nos invita a tomar descanso en el amplio corredor. Es pasado el mediodía, el sol ilumina generoso todo el jardín en especial las enormes bellas hortensias junto a las tinajas de la entrada. Concluida la visita “de médico” al fundo Las Lajuelas nos despedimos y proseguimos viaje. Para llegar a Florida faltan 8 km, o sea, unos cinco minutos de auto.
Manuel Suárez conversa con la señora Ruth Arriagada en la casa del fundo Las Lajuelas.
 
Hermosa vista de la casa patronal de Las Lajuelas.
La ruta 0-390 o el Camino Real desemboca finalmente a noventa grados sobre la ruta pavimentada Bulnes-Concepción. Un kilómetro a la izquierda tenemos el pueblo de Florida. Hacia allá íbamos. Con una opípara cazuela de vacuno en el restaurant El Mono con Bigote, de calle Serrano  N° 471 termina nuestra aventura Penco-Florida por el camino de Villarrica. El viaje se puede hacer en poco menos de cincuenta minutos en auto. El camino con material pétreo compactado está en buenas condiciones en verano para cualquier tipo vehículo. ¿Le digo mi pensamiento? ¡Hay que volver a recorrer ese camino; es demasiado bello… y desconocido!  El caserío de Roa es encantador. ¡Ah, nuestro cuenta kilómetros marca 41; sin embargo, el letrero caminero de Florida dice Penco 44 km!
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ANTECEDENTE: El Camino Real que hemos recorrido ya no se llama así, pero fue la vía clave de comunicaciones terrestres durante la Conquista, la Colonia y la Patria Vieja. La recorrieron en distintos momentos de la historia de Penco, los conquistadores españoles, los araucanos, los patriotas, los campesinos y habitantes del lugar en sus tradicionales carretas de bueyes y hoy en día, los camiones madereros. Al unir a Penco con Florida, el Camino Real conectó también por tierra a nuestra ciudad con el norte y el resto del país... o el resto del Reyno de Chile.

Sunday, February 22, 2015

EL FUERTE DE LA PLANCHADA DE PENCO: LAS RAZONES DE SU NOMBRE, EMPLAZAMIENTO Y ESTRUCTURA


Por Luis Méndez Briones
 
Sabemos que la antigua fortaleza emplazada en la playa de Penco fue mandada a construir por el gobernador español José de Garró en 1687 y su propósito fue servir de medio disuasivo de las posibles incursiones de naves inglesas y otras enemigas de la corona española. Sin embargo, más desconocidas son las razones de su nombre.
Si nos remitimos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua esta nos dice que “planchada” es la “Tablazón que, apoyada en la costa del mar o de un río u otro receptáculo, y sostenida por un caballete introducido en el agua, sirve para el embarco y desembarco y otros usos de la navegación”.
De acuerdo a lo indicado y dada la fundada experiencia personal, los nativos de Penco sabemos que el Fuerte por cierto debió tener una planchada a fin de permitir el acercamiento de los navíos que desde muy antiguo recalaron en la ciudad, de otra forma, los bajos de la bahía lo habrían hecho imposible.
Otros aspectos notables son las razones de su lugar de emplazamiento. Si nos remontamos a la época, 1687, la tecnología bélica de la época hacía necesaria que una fortaleza de su tipo estuviera junto a la playa a fin de permitir cercana comunicación con las naves amigas que llegaban a la ciudad, pero también muy próxima a un curso de agua a fin de asegurar su continuo abastecimiento ante un posible bloqueo o sitio militar.
De su original forma también tenemos algunos indicios. Los cronistas y viajero nos dejaron algunos antecedentes que nos ayudarían a reconstruir su forma primitiva. Uno de ellos fue el militar y geógrafo francés Jules Sebastián Durmont D’Urville quien en una litografía fechada en 1846 nos legó una viva imagen de lo que fuera su portentosa estructura.
Los breves elementos descritos permitirían augurar que una investigación más de fondo nos daría importantes luces a fin de reunir información en vista de una posible restauración. La historia de Chile y el futuro de Concepción y Penco así lo demandan.
Luis Méndez B., autor de esta crónica, junto a Cecilia Bravo Badilla, en el Café del Palacio, de su propiedad en Penco.
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Luis Méndez Briones es Doctor en Economía y Profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales, Universidad del Bío-Bío, Concepción, Chile.


Thursday, February 12, 2015

PURA CALIDAD EN LA GALA LÍRICA 2015. SOPRANO Y TENOR DELEITARON AL PÚBLICO EN LA PLAZA DE PENCO

El tenor Tito Beltrán y la soprano Sherezade Perdomo recargados durante su estupenda presentación
en el escenario de la plaza de Penco (foto J. Espinoza).

NOTA DE LA EDITORIAL: Don Juan Espinoza Pereira, profesor de Filosofía, pencón con residencia en Copiapó, nos ha enviado la siguiente nota con fotografías de la Gala Lírica de anoche (11 de febrero de 2015) en la plaza de Penco. El profesor Espinoza se encuentra de vacaciones en nuestra ciudad y asistió al espectáculo que él describe muy bien en la siguiente nota:

Estimado Nelson...
Hace algunos instantes ha terminado el concierto al aire libre en la plaza de Penco; concierto de música docta  -como suelen decir algunos siúticos-  pero para la comunidad en su conjunto y sin discriminación. Música de salón, de teatros, de salas de Cámara o simplemente de lugares poco comunes.
Un concierto entre pitos de maniseros, churros, perros vagos, anticuchos, en definitiva olores  de la más diversa índole. En medio   -y paseándose por el público ebrios de todos los grupos etarios- vendedores ambulantes vendiendo mercachifles variadas, incluso aquellos que debieron ser vendidos para la fiesta de Halloween.
Recuerdo que para el primer concierto al aire libre, no éramos más de 300 personas, hacía frío y el público quedó desconcertado con la voz de Sherezade Perdomo y el coro de la Universidad de Concepción; hoy, la misma soprano y el tenor Tito Beltrán deleitaron a un público masivo, incluyendo reinas juveniles y la gran reina de Penco de la Tercera Edad.
No me queda más que agradecer a la primera autoridad edilicia, al cuerpo de Concejales y a todos los que hicieron posible esta gala operática tan popular como se lo merece la comunidad pencona.
Dos aspectos del ambiente popular que se vivió en la plaza de Penco con motivo del espectáculo de música culta 2015.( Fotos J. Espinoza)

Saturday, February 07, 2015

LOS POSTES DE TELÉFONOS RETIRADOS DEL HORIZONTE DE PENCO


En esta foto captada por don José Riquelme en 1958, con el atleta
Rolando Sandoval, se ven los postes de calle Freire al lado izquierdo.
Se me habían olvidado: los postes de teléfono de calle Freire. La postación estaba instalada en la vereda de enfrente del actual tendido eléctrico. O sea, había postes a ambos lados de la calle, unos sostenían los cables de energía y los otros los delgados alambres de las comunicaciones. Con el avance de la modernidad y los cambios paradigmáticos en la nueva manera de relacionarnos: internet, celulares, etc. los postes fueron retirados. De esto hace ya tiempo, probablemente en los años ochenta.
Los postes de teléfono eran de madera y su altura alcanzaba los nueve metros. Arriba tenían palos atravesados a modo de “T”, estos tenían unos aisladores de vidrio como la forma de copas y en ellos se enganchaban los hilos de cobre. La distancia entre cada poste era de unos 40 metros, así que saque usted la cuenta la cantidad de estos palos instalados a lo largo de la calle.
La historia de la Compañía de Teléfonos de Chile dice que la primera postación para líneas telefónicas los instaló la empresa en Penco el 1887. La fuente añade que la compañía fue autorizada a poner sus postes entre Concepción, Penco y Tomé con el compromiso de no entorpecer el tráfico público. Se resolvió así un inconveniente de la empresa siete años antes en Valparaíso, en que mientras tramitaba el permiso tuvo que tender los alambres apoyándose en los techos de las casas.


(Foto revista Pan de Azúcar).
 
Durante años, la compañía tuvo oficinas en Penco, en la esquina de Maipú con Las Heras, en dependencias de propiedad de la familia Jofré. Allí había un par de aparatos telefónicos con cabina. La oficina la atendía una telefonista quien establecía manualmente los enlaces en un equipo conmutador.

Las industrias también tuvieron centrales telefónicas. En la  Refinería de Azúcar, por ejemplo, durante años se desempeñó como telefonista de la empresa la señora Agustina del Campo, cuya fotografía fue publicada en la revista corporativa Pan de Azúcar en más de una oportunidad.

El servicio de mantenimiento de las líneas lo realizaban técnicos que trepaban los postes con la agilidad de un mono. Para ello iban equipados con arneses de cuero y con botas bien abrochadas, a las que les ajustaban unos clavos de acero gracias a los cuales podían escalar hasta la punta.
Los postes tenían diámetros considerables que permitían a una persona esconderse detrás. Hubo un episodio trágico en Penco hacia finales de los años cincuenta: un marido celoso atacó a balazos a su esposa en Freire con Alcázar. La mujer se salvó porque se protegió detrás del poste de telefónico, el que mostró durante mucho tiempo los impactos  que tenían otro destino.

El edificio de la Compañía de Teléfonos, en Maipú con Freire, Penco.
Aquí en Maipú con Las Heras funcionó durante algunos años el servicio de teléfonos públicos de Penco.
 



Saturday, January 24, 2015

EL CIRCO FUE EL PLUS DE LOS VERANOS EN PENCO

Foto tomada de www.circohermanoskings.cl

El circo levantó su carpa en Penco y durante un par de días de esos veranos fue posible sorprenderse con sus presentaciones llenas de adrenalina, mucho vértigo, risas y sorpresas. Sí, muchas sorpresas.
Un hombre vestido de negro con sombrero de copa dejaba boquiabierto al público con sus pases mágicos y sus trucos. De su sombrero sacaba pañuelos de distintos colores, uno tras otros, unas palomas blancas y finalmente un conejo. ¿Cómo lo haría? Así comenzaba el espectáculo que era interrumpido por aplausos y más aplausos. Después venía la presentación de un equilibrista en bicicleta. Cuando se subía al monociclo cuyo asiento estaba a cuatro metros del suelo sobrevenían los gritos de sustos y el vértigo.  Cuando el mareo no había terminado, seguía el espectáculo con las acrobacias aéreas. Los valientes acróbatas hacían sus gracias en el aire como si aquel fuera su medio natural: “auténticas águilas humanas” decía un animador en el piso haciendo pausas para permitir que la gente se electrizara aún más con el redoble del tambor de la banda de bronces, al borde de la pista.

El espectáculo circense era entretenido, sano y no caro. Para atraer más público sus voceadores recorrían las calles invitando gracias a la promoción 2x1. Uno pagaba y el segundo entraba gratis. La fórmula se conocía como “entrada con gancho”. Cuando cesaba la oferta, todos tenían que echarse la mano al bolsillo para comprar un boleto. Los niños no pagaban hasta el metro veinte de estatura. Había un tipo con una huincha en la puerta para evitar que entraran muchachos más grandes. Pero, no faltaba la madre que le decía a su hijo: “hazte como que eres más chico”. Entonces el aludido tenía que encorvarse un poco cuando el portero aplicaba la huincha. Si éste dudaba de la posición no podía decirle al niño “ponte derecho” ante su mamá. Cuando lo dejaban pasar simplemente el hombre de la hincha lo seguía con la mirada, así el niño espigado a instancias de su madre debía seguir caminando encorvado hasta llegar a su puesto en las tablas de la galería.
Foto tomada de www.circohermanoskings.cl

Para atraer más gente aún, la banda del circo recorría las calles y se instalaba en las esquinas para breves y movidas serenatas. Las fanfarrias gustaban a los niños, quienes iban siguiendo a la banda desde una esquina a otra. La venida del circo fue siempre una fiesta. Las carpas llegaban en verano  así los artistas aprovechaban también para tomarse un descanso en la playa. Al atardecer la banda iniciaba su recorrido y caída la noche empezaba el espectáculo, que se siempre comenzaba con una parada de los artistas por la pista circense. El desfile de gala lo encabezaba una mujer con una guaripola quien conseguía hartos silbidos y piropos y era la misma que cobraba las entradas...

Thursday, January 22, 2015

EL VIENTO ARREBATÓ LOS BILLETES A UN ADINERADO PESCADOR DE PENCO

Por las razones que hayan sido, la gente tenía desconfianza de los bancos. Y a este respecto, en Penco se dio un caso extremo. Se trató de un pescador, con muy buenos resultados en su trabajo con generosos ingresos fruto de su esfuerzo. Pero, no se manejaba con los bancos. Así que su opción era guardar sus billetes bajo el colchón, como se dice. De este modo no pedía créditos porque siempre tenía dinero fresco, en cantidades y a la mano. Sin embargo, el hombre estaba consciente del problema de la seguridad con tantos caudales en casa. Que no entrara alguien y le robara. Y su costumbre era conocida en Penco, porque él mismo lo decía en todas partes: a la hora de las ventas, durante las faenas de pesca, o celebrando una buena jornada en alguna bodega de vinos. Entonces, eso de que guardaba toda la plata en casa era un cuento sabido.
Por tal motivo cuando tenía que salir fuera de Penco y no quedaba nadie en casa, su problema de agudizaba, qué hacer, cómo asegurar el dinero. Y al fin decidió que para evitar los sobresaltos lo mejor sería llevar los billetes consigo. Y para que la cosa no se notara envolvía el dinero en papel de diario.
 
En una oportunidad viajó con un grupo de amigos a las termas de Chillán. Tomó por lo menos cuatro paquetes con plata, sus bártulos, el cocaví y a la micro. Puso los billetes envueltos en diarios en la parrilla interior inmediatamente arriba de su asiento. Comenzó el viaje, todos los amigos contentos porque un hermoso día los esperaba en las cordilleras de Chillán. Después de las tallas y los chistes a algunos les sobrevino el sueño y se quedaron dormidos. Fue el caso de nuestro pescador. A su vez el sol comenzó a calentar fuerte así que varias personas sentadas cerca de las ventanas las abrieron. Con la velocidad que el viento ingresó a la cabina de la micro lo desordenó todo. Y los primeros bultos afectados por las rachas fueron los paquetes con dinero. Los envoltorios de diario se rajaron y el viento hizo su trabajo, en un par de minutos desparramó todos los billetes por el interior de la micro dejando los pasillos tapizados. El bus se convirtió en un torbellino de dinero. Los gritos de entusiasmo se oyeron de inmediato, hecho que despertó al propietario. Cuando él mismo contó que la plata era suya,  los viajeros le ayudaron a recuperar el dinero desparramado. Y el hombre rehízo los paquetes. Después esta historia se corrió en todo Penco. Por esa experiencia el adinerado caballero tomó más precauciones en los viajes posteriores aunque todo el mundo tenía claro que el hombre llevaba los buenos billetes al alcance de la mano. Quien me contó esta historia viajaba en la micro con el personaje el día de este incidente. Sin embargo, me pidió que por el momento no publicara su identidad, sólo sus iniciales: L.O.    

Sunday, January 18, 2015

LA CHIMENEA COLOSAL DE FANALOZA TUVO UN FIN DE PESADILLA

La chimenea de Fanaloza (detalle). La pintura es de S. Prudanti (1945).
Mientras la refinería de azúcar tenía tres enormes chimeneas de acero, Fanaloza se enorgullecía de contar con una sola, pero más alta y de hormigón. Las chimeneas eran los íconos de la era industrial, más atrás estaban los bocinazos. A pesar que la CRAV ya no existe y la empresa locera está más reducida en superficie, la comuna pencona todavía tiene chimeneas y pitazos (Lirquén).
Las chimeneas de la refinería se levantaban al cielo arrojando negros y densos penachos de humo. Sus calderas quemaban carbón para producir electricidad y generar vapor para los procesos industriales. La de Fanaloza, en tanto, si bien funcionó perfecto desde sus inicios, pronto dejó de prestar servicios. La industria locera cambió su tecnología en los años cincuenta y la gigantesca torre de cemento quedó en desuso, como un monumento inserto dentro de la fábrica. Incluso cuando ya estaba inactiva, la gente decía ver que por ahí salía un humo fantasmal. Pero, eran los propios obreros quienes aclaraban esos rumores esotéricos. Cuando sacudían bolsas y sacos vacíos en la base de la antigua caldera, el tiraje natural del tubo llevaba la basura hacia arriba y salía por allí con la apariencia de humo. No era otra cosa.
El tubo vertical debió tener una altura de unos setenta metros (no disponemos de datos duros sobre esto) y estaba articulado en tres cuerpos. La base circular tenía un diámetro apropiado y muy bien calculado para soportar los otros dos cuerpos superiores. El segmento que seguía era también muy sólido con un diámetros intermedio. Y la parte superior era el tramo más largo y más delgado, pero no por eso menos sólido. En su extremo había una pequeña roldana saliente, para permitir trabajos de mantenimiento. Esta chimenea colosal, decíamos era de hormigón y se sostenía en su propia estructura. En cambio las de hierro de la refinería contaban con vientos de acero tensados que les brindaban estabilidad. En CRAV sabían de las enormes presiones que ejercían las ventoleras que acompañan al mal tiempo. Los vientos de acero tensado servían para contrarrestar esas fuerzas naturales. Fanaloza no empleaba vientos, su cañón de cemento y hierro era autosuficiente para enfrentar los temporales, así lo habían calculado los ingenieros.
Sin embargo, la gran chimenea de Fanaloza desapareció antes que la industria cerrara en parte y cambiara de dueños. Su historia terminó a las 6,20 de la mañana del 21 de mayo de 1960. El terremoto que ese día azotó a la región hizo su trabajo. La chimenea se tronchó en el punto donde terminaba el segmento dos. El episodio ocurrió cuando aún no había luz natural, por eso no hubo muchos testigos de su estrepitosa caída. Además todo el mundo estaba más preocupado de arrancar y buscar refugio que de intentar ver la caída de la chimenea de Fanaloza. Suponemos, por tanto, que se vino al suelo inclinándose como un árbol. No se supo de lesionados por el incidente. Sin embargo, en el barrio todavía hay gente que recuerda a la Chela, una obrera de la industria, regresar corriendo a su casa después del temblor. Ella gritaba atacada, fuera de sí: “¡Quedó la cagá en la loza, quedó la cagá en la loza!” Y en su angustia no explicaba nada más la pobre. Si interpretáramos sus gritos más de medio siglo después de ocurridos, a lo mejor la Chela fue una de las pocas personas que vio horrorizada caer la gigantesca chimenea. Un par de años más tarde Fanaloza demolió el resto de la torre que quedó en pie.