Sunday, April 13, 2014

HUÉRFANA "ALEGORÍA AMÉRICA". HA FALLECIDO SU CREADOR, EL ARTISTA PENCÓN HUGO PEREIRA DÍAZ

Alegoría América, maltratada.

La noche del 31 de marzo recién pasado pudo ocurrir que suaves gotas del rocío nocturno o de una garúa de otoño hayan rodado por las mejillas de granito de la escultura que reta al tiempo en la plaza de Penco. Esas gotas, como lágrimas silenciosas, surgieron de los ojos de la estatua “Alegoría América” cuando se supo del fallecimiento, horas antes, de su creador el escultor Hugo Pereira Díaz.

Esa noche la pieza escultórica quedaba huérfana de padre, tal vez el único que nunca la olvidó en el corazón. Alegoría estaba acostumbrada al abandono y a la indiferencia, pero no conocía la tristeza de perder a su autor. Y todavía más, sin testigos de esas lágrimas, ni esa noche ni a la mañana siguiente, en medio de su luto, nadie le ofrendó flores. Ni una sola.
Hugo Pereira Díaz en los setenta.
Hugo Pereira Díaz dejó de existir a los 81 años en su casa de la comuna de La Florida en Santiago. Nació en Valparaíso en 1933. En esa ciudad estudió bellas artes. Luego de obtener su título se trasladó con sus padres a Penco donde continuó desarrollándose en su arte. Ingresó a Fanaloza y demostró allí sus grandes dotes artísticas en el diseño y el trabajo manual con la arcilla. En la industria locera fue uno de los propulsores de la fabricación en Penco de la refinada y exquisita línea de porcelana bon shine, muchas de cuyas piezas fueron bellamente decoradas por el mismo Pereira Díaz. También fue profesor de Arte de la Universidad de Concepción.

El artista en sus últimos años en su taller de Santiago.
Tenía su taller en la calle Penco en aquel gran espacio del ex hotel Coddou, donde ahora están los estacionamientos del edificio de departamentos frente a la Planchada. Seguramente en 1971 concibió la idea de plasmar un proyecto escultórico para la plaza de Penco; el entonces alcalde Bernardino Díaz estuvo de acuerdo y así Pereira Díaz puso manos a la obra. Primero hizo un boceto a escala en yeso. Y después inició la tarea de materializar dicho boceto optando por la técnica del granito.
Preguntamos a la menor de las hijas de su segundo matrimonio, Jenniffer Pererira Garrido (escultora), si ella sabía cuál fue la inspiración del artista para materializar Alegoría. Nos dijo que fue su sensibilidad, que él quiso representar a la madre tierra y a las semillas. Y añadió que el rostro de Alegoría se inspiró en su segunda esposa Cristina Garrido, los otros pertenecen a sus hijas, según nos afirmó Jenniffer.
Pereira, el segundo de la izquierda, en una actividad
social en Penco.
Un hijo de su primer matrimonio, David Pereira Navarrete (ceramista), nos contó: “la trayectoria artística de mi padre fue muy intensa en aquellos años, truncándose muchas cosas a la llegada del gobierno militar y por razones obvias todo quedo así como se ve. Mi padre era un amante del arte y de la música. Muchas obras pequeñas talladas en hueso de cachalote quedaron en manos de personas privadas. Otra de sus obras está en la comuna de Pitrufquén, es un gran busto del héroe de la Batalla de la Concepción, don Ignacio Carrera Pinto, realizada en bronce, también construida en los años 70.”
La estatua elaborada por Pereira e instalada en Pitrufquén,
un homenaje al héroe Ignacio Carrera Pinto.
Respecto de piezas menores realizadas por Hugo Pereira, Jenniffer nos dijo: “La familia de Bernardino Díaz ex alcalde de Penco quedó con una escultura. No recuerdo nombres de más clientes, pero a Pablo Neruda le regaló dos caracolas de porcelana grandes. Con el poeta, mi padre compartió en varias ocasiones. A cambio, Neruda le regaló un poema a mi papá que aún está en mi casa”.
Hoy día, tras su fallecimiento, cada uno de los hijos del escultor narra su propia versión de esta historia, algunas veces no coincidentes, otras contradictorias. Sin embargo, más allá de las interpretaciones de sus familiares, la comunidad de Penco heredó de este artista de bajo perfil la obra Alegoría América. A unos les gusta, otros no opinan, pero lo que sí está muy claro que es una pieza única y pertenece a Penco.
Alegoría América, en su esplendor, el día
de su inauguración en 1972.
Si el autor expresó su sensibilidad artística a través de esta pieza escultórica pensando en Penco, es rol de los pencones preservarla. De lo contrario, se deteriorará sin remedio. Si hasta ahora Alegoría América luchó sola contra el tiempo, ahora comenzará a luchar también contra el olvido. Por eso, puede ser el momento de enjugar las lágrimas de lluvia o de rocío que nacen de sus cuencas vacías, recomponer esas heridas dejadas por los años o el maltrato, reinstalarla bien orientada o quizá sea hora de pensar en un relanzamiento de este presente a la comunidad pencona de este gran artista fallecido. Porque como nos dijo David Pereira, su padre “amó mucho a Penco y nunca lo olvidó”.
-----
NOTA DE LA EDITORIAL: Agradecemos los aportes de fotos y testimonios realizadas por los dos hijos del artista que se comunicaron con nosotros y que están mencionados en esta nota.

Sunday, April 06, 2014

PENCO EN LOS TIEMPOS DEL "PIÑÉN"



Penco visto desde el mirador de Los Pinos.
Ojalá que este texto ayude a comprender a las generaciones futuras algunos usos buenos o malos que se dieron en Penco en el siglo XX a causa de circunstancias difíciles de controlar por las personas en forma individual. Por ejemplo, la disponibilidad de agua potable era un problema. En los años cincuenta y sesenta la red pública tenía poquísima presión. Cuando esta situación se hizo más crítica, los barrios de la comuna disponían de agua sólo algunas horas al día. En consecuencia, si bien las casa tenían duchas –no todas--, el flujo era tan escaso que el agua difícilmente subía en los baños como para generar una lluvia. Entonces el aseo personal era un desafío.
No toda la gente podía ducharse todos los días del año. La levantada de los niños era lavarse las manos, la cara, una peinada rápida y a la calle. Las duchas esperaban hasta los fines de semana. Cuál era en consecuencia el resultado de esta limitante: que la piel no se liberaba de la suciedad y ésta se adhería e iba juntando: grasa corporal y células muertas permanecían pegadas al cuerpo dando a la piel el aspecto de manchas irregulares: zonas limpias y las zonas sucias. Un niño se quitaba una polera, por ejemplo para usar una camiseta de su club de fútbol y exhibía estas manchas en el pecho, en el vientre o en la espalda. A esto la gente llamaba “piñén”, palabra que no figura en ninguno de los diccionarios que he consultado.
El “piñén” se combatía sólo con agua, jabón y rudos masajes en las zonas afectadas. Al cabo de unos minutos de aplicación de esta práctica, la piel fresca salía a la luz y el “piñén” se iba por el alcantarillado. De modo que el ejercicio se alejar el “piñén” era un reto periódico.
El problema era que el sustantivo “piñén” tenía su adjetivo: “piñiñento” que le venía justo a quien tenía la mala suerte de quedar expuesto con su piel sucia a los ojos de los demás. El epíteto volaba de boca en boca “¡piñiñento!” Por cierto que el problema sanitario de la falta de agua abundante tenía este coletazo injusto: la humillación de aquel que mostraba sin desearlo su piel ante uno o ante varios semejantes. Sin embargo, cuidado, porque quien se mofaba de otro también podía abrirse un flanco de burlas si era sorprendido él mismo con esa falta de higiene. En eso, casi todos tenían techo de cristal…
La falta de agua en Penco se subsanó después cuando se hicieron obras de marca mayor para anexar suministro a la red local desde Concepción. Testimonio de estos trabajos están en el fundo Landa, en el camino a Concepción. Ahí se pueden ver sistemas de acopio y distribución que en los años cincuenta no existían. La llegada de agua abundante a Penco con buena presión ayudó a alejar el fantasma del “piñén”.

Wednesday, April 02, 2014

EL GOBIERNO EVALUARÁ LA URGENCIA DE LOS COMITÉS DE ALLEGADOS QUE PLANTEÓ EL ALCALDE DE PENCO EN LA MONEDA

Los alcaldes y alcaldesa del Distrito 45 y el disputado Marcelo Chávez
durante su cita en La Moneda con el subsecretario
Ricardo Cifuentes (al centro).
El subsecretario de Desarrollo Regional, Ricardo Cifuentes, recibió en La Moneda a los seis alcaldes del Distrito 45, a instancias del diputado Marcelo Chávez, oportunidad en la que los ediles plantearon los problemas más urgentes que hay que resolver en sus comunas. En la delegación estaba el alcalde de Penco Víctor Hugo Figueroa, quien explicó a Chávez la imperiosa necesidad de enfrentar la carencia habitacional que preocupa a los comités de allegados.
Al término del encuentro con la autoridad, el alcalde Figueroa dijo:
“Nos hemos reunido con el subsecretario Cifuentes aquí en La Moneda para principalmente hacerle saber la problemática que tenemos en Penco de la falta de viviendas. Hoy día tenemos una agrupación de comités de allegados conformado por más de seiscientas familias que no han podido materializar el anhelo de su casa propia debido a que el proyecto tiene un déficit. Porque nuestra topografía es de cerros y construir viviendas en cerros es más caro. Lo que hemos pedido al subsecretario es que nos apoye. Y lo que falta es cerca de 1.500 millones de pesos para poder materializar Mavidahue II y Montahue II. Le dijimos al subsecretario que estas familias  están esperando en Penco por muchos años. Recordemos que hay personas que llevan diez, doce y hasta quince años en comités y aún no han logrado tener sus viviendas. Así que fue una reunión positiva. El gobierno quedó de estudiarlo y evaluarlo. Sin duda, a veinte días de iniciado el nuevo gobierno creo que fue un éxito que nos recibiera y poder entregarle una carpeta con los antecedentes.”
En su momento el parlamentario de la zona que gestionó este encuentro, el diputado Marcelo Chávez, destacó lo positivo de esta reunión de alcaldes en La Moneda. Al respecto dijo lo siguiente:
"Ha sido una reunión inédita. Yo creo que nunca antes habían estado los seis alcaldes y alcaldesa del distrito 45: Coronel, Hualqui, Penco, Tomé, Santa Juana y Florida, a fin de abordar los problemas transversales de estas comunas.  Si bien estamos en una etapa exploratoria de ver cuáles son las iniciativas y los proyectos que están en carpeta, tuvimos una gran acogida por parte del subsecretario de desarrollo regional a estas necesidades e inquietudes que existen. También planeamos la necesidad de poder evaluar a esta zona como un caso especial del país, en torno a declararla como una zona de rezago productivo. Esto quiere decir que el estado también intervenga, dado los niveles de pobreza, de desempleo altísimo y falta de industrias. Lo cierto es que vimos una muy buena recepción por parte del subsecretario."
Los seis alcaldes que participaron de esta reunión reconocieron y destacaron esta iniciativa del mencionado parlamentario de la zona.

EL FUERTE DE LA PLANCHADA: LAS RAZONES DE SU NOMBRE, EMPLAZAMIENTO Y ESTRUCTURA


 


Por Luis Méndez Briones[1]

Sabemos que la antigua fortaleza emplazada en la playa de Penco fue mandada a construir por el gobernador español José de Garro en 1687 y su propósito fue servir de medio disuasivo de las posibles incursiones de naves inglesas y otras enemigas de la corona española. Sin embargo, más desconocidas son las razones de su nombre.

Si nos remitimos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua esta nos dice que “planchada” es la “Tablazón que, apoyada en la costa del mar o de un río u otro receptáculo, y sostenida por un caballete introducido en el agua, sirve para el embarco y desembarco y otros usos de la navegación”.

De acuerdo a lo indicado y dada la fundada experiencia personal, los nativos de Penco sabemos que el Fuerte por cierto debió tener una planchada a fin de permitir el acercamiento de los navíos que desde muy antiguo recalaron en la ciudad, de otra forma, los bajos de la bahía lo habrían hecho imposible.

Otros aspectos notables son las razones de su lugar de emplazamiento. Si nos remontamos a la época, 1687, la tecnología bélica de la época hacia necesaria que una fortaleza de su tipo estuviera junto a la playa a fin de permitir cercana comunicación con las naves amigas que llegaban a la ciudad, pero también muy próxima a un curso de agua a fin de asegurar su continuo abastecimiento ante un posible bloqueo o sitio militar.

De su original forma también tenemos algunos indicios. Los cronistas y viajero nos dejaron algunos antecedentes que nos ayudarían a reconstruir su forma primitiva. Uno de ellos fue el militar y geógrafo francés Jules Sebastián Durmont D’Urville quien en una litografía fechada en 1846 nos legó una viva imagen de lo que fuera su portentosa estructura.

Los breves elementos descritos permitirían augurar que una investigación más de fondo nos daría importantes luces a fin de reunir información en vista de una posible restauración. La historia de Chile y el futuro de Concepción y Penco así lo demandan.

 

[1] Doctor en Economía y Profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales, Universidad del Bío-Bío, Concepción, Chile.

Tuesday, April 01, 2014

GESTIÓN DEL ALCALDE FIGUEROA PARA UNA MAYOR PRESENCIA POLICIAL EN PENCO

El alcalde Figueroa con el general Solar en Santiago.
Una mayor dotación de carabineros para la comuna solicitó el alcalde Víctor Hugo Figueroa a Carabineros de Chile, en su reunión con el general de Orden y Seguridad, general Eliecer Solar Rojas sostenida en la sede institucional en Santiago. La solicitud fue hecha en virtud de la nueva comisaría con que contará la comuna a fin de año, hecho que por sí mismo no significa mayor personal policial.

El encuentro que se prolongó por más de una hora y a la que también concurrió el diputado Marcelo Chávez concluyó con compromisos de cooperación mutual entre la Municipalidad pencona y Carabineros.
De acuerdo a los métodos que emplea la policía uniformada para detectar el clima de inseguridad o temor de los habitantes frente a la delincuencia, Penco no está entre los más altos, por el contrario, la sensación tiende a ser baja. Así lo expresó el general Solar al finalizar la reunión:
“Según nuestros registros en este momento la comisaría tiene la cantidad de carabineros que necesita de acuerdo a la problemática policial que nosotros tenemos registrada. Así que también, por eso es importante, que la gente haga la denuncia. Con el nuevo edificio que se inaugurará a fin de año lógicamente habrá un incremento de funcionarios, pero no creo que sea tan grande como uno quisiera. Porque las distribuciones se hacen sobre la base de estos estudios a nivel nacional.  Pero, creo que tendrán buenas noticias al final de año, esperamos.”
Luego, el alcalde Figueroa se refirió al compromiso del municipio por brindar más seguridad en Penco:
“La verdad es que hemos tenido una provechosa conversación con el general principalmente para poder evaluar el aumento de dotación policial en vista de que en diciembre tendremos edificio nuevo, una comisaría nueva en Penco. Él se ha comprometido hoy día a hacer los esfuerzos a pesar que de acuerdo con los índices que maneja Carabineros, Penco no es la ciudad con el mayor número de delitos. Por lo tanto él se preocupará para que cuando se inaugure esta nueva comisaría tengamos más carabineros. Pero, también conversamos acerca que hay tecnología que se puede utilizar. Y es por eso que nos hemos comprometido a colaborarnos mutuamente para poder sacar adelante un proyecto de cámaras de televigilancia para que en Penco, además de tener carabineros de carne y hueso también tengamos ojos de carabineros puestos en los sectores más vulnerables de la ciudad. En eso consiste este proyecto de televigilancia.”

Friday, March 28, 2014

ADIÓS A UN MAMARRACHO URBANO EN PENCO


Vi imágenes de la demolición de esta ratonera, en el barrio estación de Penco y lo más sorprendente es que haya pencones que no entienden la conveniencia de echarla abajo. Las defensas que han esgrimido esas personas es que se está destruyendo parte de la identidad local. Pésimo argumento defender estas murallas horribles como si se tratara del Partenón. Nada que ver, estos muros feos y sin ninguna inspiración estética se edificaron a fines de los años cincuenta (1950) para reemplazar una bodega de menor superficie que era de madera. 
 
¿Era posible recuperar este mamarracho? ¿Era posible darle otro destino que no fuera el de un galpón-bodega? ¿Para qué gastar recursos en un proyecto inviable?
 
Muy bien la decisión de demoler. Esta bodega no tiene ni tuvo nunca una significación histórica. Fue sólo un recinto para guardar mercaderías en tránsito y que por sus enormes dimensiones nunca se ocupó en su totalidad. Más encima la abandonaron. Se convirtió así en un lunar urbano, sitio de convocatoria informal de drogadictos.
 
Muy bien alcalde Figueroa por dar este paso que ventilará la visual de este sector de Penco. Muy bien además por tener clarito qué es un sitio histórico y qué es un espacio vacío de toda tradición. Felicitaciones.

Friday, February 28, 2014

NAVE CONSTRUIDA EN PENCO SE USÓ PARA UN ÚNICO VIAJE

Así pudo ser el Agustina de Félix Bustos en 1957.
(Esta imagen es una recreación.)
Imagino que sólo un uno por ciento de las personas que vive en Penco navegó alguna vez por la bahía. No creo que más, salvo los pescadores. Y las razones pueden ser dos: que a pesar de la vecindad del mar la gente le da la espalda y la segunda es que no hay facilidades para hacerlo, hasta ahora. Es decir, no existen embarcaderos ni embarcaciones para dar un paseo seguro. Sin embargo, en el municipio de Penco me informan que la condición cambiará pronto porque hay planes en marcha para construir un bonito muelle peatonal en la prolongación de la calle Talcahuano.
 
Los pencones adoran su bahía, pero no son navegantes y desconocen, por tanto, el agrado de un buen recorrido en bote o en lancha. Por eso, los pocos que alguna vez quisieron hacerlo y lo intentaron de verdad sin quedarse en las ideas cayeron en la calificación de pencones excéntricos.
Conocí a Félix Bustos, un mueblista que calzó perfectamente en la categoría de excéntrico, porque se le ocurrió navegar por la bahía con toda su familia. Y como la comuna no le ofreció ninguna facilidad: un bote para arrendar, por ejemplo, o un molo para abordarlo, decidió hacerlo con sus escasos medios. Para él, aquel sueño era muy superior a su escuálida realidad. Por tanto su firme determinación fue…¡una locura!

Año: 1956. Félix tenía su casa en Robles entre Freire y Las Heras. Un tipo flaco, huesudo, tez blanca-pecosa, colorín y  mostacho rojizo. Corto de genio, gruñón. Nunca le dijo a nadie que se moría de ganas de disfrutar a sus anchas de la bahía de Concepción, que para él se trataba de un lago y con toda razón. Quería navegar por la costa o hasta donde le fuera posible. Su íntimo anhelo: pasar un verano embarcado.
Cómo intentarlo si en Penco y Playa Negra sólo había botes a remo y a ningún pescador se le hubiera ocurrido arrendarlo por una temporada. Por tanto al empecinado Félix no le quedó más remedio que construir un barco. Su oficio de carpintero le daba una ventaja enorme, sabía muy bien como ensamblar firmemente maderas. ¿Y para mover el barco? Había disponible el motor de un camión viejo. Antes de poner manos a la obra Félix revisó sus posibilidades: tenía maderas de buena calidad, gran cantidad de clavos de cobre y varios galones de pintura, estos últimos, originalmente destinados a su casa. Sólo había dos problemas: carecía de conocimientos de ingeniería naval y, aunque no quisiera reconocerlo, no tenía vocación de marinero.
Construir su propio barco fue un tremendo desafío a la vez que una aventura. Las revistas de historietas de esos años, tan abundantes a falta de televisión, influían en los aventureros de carne y hueso como Félix. Algunos de esos comics narraban la vida y las peripecias de hombres y mujeres que vivían en pequeños barcos ya fuera en lagos o en ríos enfrentando situaciones fantásticas. El último refugio de esos héroes y heroínas era su embarcación. De seguro que esos comics Félix los vio y leyó hasta su último detalle. ¿Si esos personajes pueden, por qué yo no?, pudo haber sido su razonamiento.
Bustos tenía un tremendo patio que daba a la calle. Su casa de madera estaba al fondo y atrás, su taller donde trabajaba de mueblista, el oficio que le permitía subsistir. De modo que el astillero lo instaló junto al cerco de calle. Sin asesoría náutica, pero cargado de intuición, Félix trabó las cuadernas, ensambló las maderas con clavos de cobre y construyó su nave como un pequeño hotel flotante. Se tomó su tiempo, un año o más. ¿Qué habrá respondido a sus conocidos que le preguntaban para qué hacía eso? Porque el asunto no era un negocio ni había ninguna necesidad de usar transporte marítimo para ir a alguna parte, salvo la isla Quiriquina; para lo demás existían el tren y la micro. 

Félix siguió adelante con su proyecto. Agustina, su mujer, mayor en edad que él, le seguía el amén. El mueblista usó toda la pintura verde, decíamos, para la embarcación. Varios galones se necesitaron para el casco, la cubierta y el compartimento del capitán, elevado frente al palo mayor. Contaba además con una cocina, un comedor y cuatro camarotes sobre la línea de flotación con claraboyas. La eslora: ocho metros, calado: dos metros y medio.
En el improvisado astillero, Félix controlaba cada día su proyecto y verificaba que fuera lo más seguro posible, no en vano tenía varios niños chicos. Cuando su obra estuvo lista, usó un coloso para trasladarla por Robles hasta la playa. Con la ayuda de vecinos voluntarios (o admiradores del mueblista) la nave cruzó la línea y quedó recostada sobre la arena. Como si fuera un canario recién salido del cascarón,  quedó mirando con su proa las quietas aguas de Penco.
Félix debió estar exultante al ver su barco listo para salir a la mar. Calafateó el casco con arpilleras y kilos de masilla. Un domingo de febrero de 1957 le dio el último toque, le inscribió el nombre Agustina. Y ¡ya! Sin botellas de champaña, ni aplausos ni ceremonia la nave por fin fue botada al mar.
Dichato, foto de www.chile.cl
A bordo subieron su mujer, sus cinco hijos y dos hermanos. Cargó el estanque con bencina que alimentaría el motor, subió cinco garrafas de agua potable, harta comida no perecible, sedales y anzuelos y zarpó. Destino del viaje inaugural: Dichato hasta donde tendría que llegar siguiendo la línea de la costa. ¿Qué habrá pensado el capitán de puerto al ver una embarcación tan extraña y sin licencia pasando frente a Lirquén rumbo al norte? Dicen que Félix gozaba como un niño en los mandos del Agustina, consistentes en un volante, pedales y cambios (no había brújula a bordo). Sus hijos más chicos reían felices. Pero, el viaje se puso color de hormiga cuando el Agustina enfrentó mar abierto en el tramo  Cocholgüe - Coliumo.  Las olas golpeaban con fuerza por babor y el barco cabeceaba con fiereza en un mar áspero sin la protección de la bahía. Las cuadernas crujían y las cosas caían al piso en cada tumbo. Nadie se sostenía en pie. A menos de cien metros por estribor las olas azotaban sin piedad los acantilados. En medio del silencio absoluto de los viajeros, Félix maniobraba aplicando toda la fuerza del motor del camión. Los pasajeros se marearon y trataban de recuperarse recostados sobre sus camas. Unos vomitaban por la borda, otros no salían del único baño. Agustina no pudo cocinar nada esa tarde. Nadie tenía apetito por lo demás en medio de tanto vómito. Y los hermanos del mueblista, los únicos que no sufrieron mareos, intentaban pescar con los anzuelos. Hasta que por fin el barco pencón entró a duras penas en la rada de Dichato luego de aquellas interminables horas de odisea. Pescadores locales ayudaron con sus botes a Félix y su familia para bajar a tierra ya que el barco de Penco fondeó distante de la costa para no varar con los cambios de marea. Estos detalles me los contó uno de sus hijos meses después del viajecito.
Recordemos que el Agustina era una casa familiar flotante. Así que cada noche la familia dormía a bordo agotada de tanta actividad durante el día en la playa dichatina. Igual era difícil conciliar el sueño en camas estrechas y al compás de las olas. Los viajeros no estaban acostumbrados a vivir en el mar.
Félix regresó una semana más tarde siguiendo la misma línea de navegación de la ida. Todos saltaron a la querida arena de Penco y de inmediato volvieron a sus labores habituales. La embarcación fue sacada a la playa. Quedó en ese lugar seco por meses y ahí comenzó a deteriorarse. Félix se olvidó de su barco. Tres años después el Agustina no tenía vida, sin futuro y abandonado, tumbado en la arena cerca de la cancha Gente de Mar. Sus maderas se pudrieron y ningún pescador de Penco o Cerro Verde se interesó, porque la embarcación soñada por Félix no servía para las faenas. El Agustina no fue construido para trabajar, sino para cumplir un sueño.
Félix se dio el gusto, es cierto, pero también despertó a su realidad muy diferente a las historietas de las revistas, fuente --suponemos-- de su decisión. Por eso el mueblista excéntrico no volvió al mar. Me dijeron que hace muchos años se fue de Penco con su familia para radicarse en Santiago y que de ahí se trasladó a vivir a Buenos Aires.
----------
Esta historia está narrada en un post anterior, pero con menos detalles. Nuevas pistas permitieron reconstruir con más antecedentes ese inédito episodio de la historia reciente de Penco.

Monday, February 24, 2014

GENEROSA ES LA PAZ QUE COMUNICA EL FUNDO COIHUECO


Video que muestra la quietud y la soledad
de Coihueco a pocos minutos de Penco.

El lugar más apacible de Penco es el fundo Coihueco. El valle, de donde proviene el estero, es pura quietud y paz. Lo comprueba el caminante apenas adentrándose un centenar de metros más allá de las trancas de la entrada al final de la calle Maipú y donde nace Penco Chico. En ese punto, hay que girar a la izquierda e ingresar por un camino sinuoso, en buenas condiciones, de maicillo y cascajos, usado en otros tiempos por camiones madereros. Luego de solicitar permiso en la entrada, nos advierten que está sucio por descuido de los visitantes y que por allí hay plagas de ratones. Así que cuidado.
El camino del valle y la quebrada está en muy buenas
condiciones porque no se permiten autos.
La explanada del inicio es amplia. El baipás del camino al puerto de Lirquén que pasa como una vía elevada a varios metros de altura no estorba y es –pareciera— el arco de bienvenida. El estero serpentea cargado al norte. Había en esos años, una pequeña represa natural ahí que llamaban la poza del chilco. Los niños disfrutaban de ese espejo de agua limpia para bañarse y dueñas de casa aprovechaban la bondad del lugar para lavar ropa, especialmente sábanas ésas que era más complicado escobillar en artesas caseras.
El chilco pareciera ser la flor "oficial" de Coihueco.
Pero, si de respirar aire puro se trata, desconectarse, inspirarse, meditar… prosiga usted caminando por esa senda de cascajos. La ruta se va estrechando a medida que avanzamos. Por el lado izquierdo se oye el estero al fondo de la quebrada. Sólo es posible oírlo no verlo porque el área está cubierta de quila y zarzas. En ese punto estuvo alguna vez el tranque construido por la refinería para acopiar agua con el fin de utilizarla en los procesos de purificar azúcar. El silencio es interrumpido con mucha frecuencia por los cantos de aves silvestres. Los fío-fío y los chucaos compiten cantando escondidos en la espesura. El viento aumenta su velocidad  a medida que el valle se va estrechando. El camino sube y baja,  dobla ya sea a la izquierda o a la derecha.
Sorprendente es la quietud que entrega Coihueco.

Hoy no existen los bosques nativos de otros años. Los talaron y reemplazaron por pinos y eucaliptos. Pero, el ámbito sigue siendo boscoso. El fuerte viento mueve acompasadamente las copas de los árboles.
Un rato se inclinan hacia un lado, en seguida se agitan hacia otro. El espectáculo natural de Coihueco no ha cambiado en su esencia por años gracias a que el fundo se ha mantenido como empresa, esto es que no ha vendido espacios en ese terreno para la instalación de poblaciones. Esa opción ha mantenido el valle y la quebrada como un sitio quieto, alejado de bulla, detenido en el tiempo. Muy de tarde en tarde un ciclista solitario se aventura por esas soledades a sólo minutos del centro de Penco.

Troncos azumagados, inservibles para elaborar
madera en el acceso al "parador".
Al cabo de unos mil quinientos metros de marcha desde la entrada, se llega a una explanada de pinos añosos con el aspecto de un parador. El estero, que nos viene acompañando desde el comienzo, ahora se abre a la derecha en un pequeño recodo. El lugar es ideal para hacer picnic, sólo que efectivamente los usuarios no se preocupan de la limpieza, abandonan sus basuras por todos lados. Los visitantes  no se llevan lo que botan. Tal es la causa de la cantidad de ratones de la que nos advirtieron a la entrada. Pero, no vimos ninguno.

Un boldo recortado por la luz solar de la tarde.

Aguas cristalinas en el curso superior del estero Penco.
Luego de recorrer el parador y comprobar lo apacible de la sombra y del remanso, es hora de volver. Me informan que se puede seguir adentrándose siguiendo el camino que continúa por la quebrada. El regreso hacia el punto de partida tiene un ingrediente a favor: el sol que cae y que nos golpea de frente. Sus potentes rayos se filtran entre los pinos y su luz recorta la silueta de los árboles nativos, que aún quedan al borde del camino. Si usted acepta la invitación de recorrer Coihueco no haga como los demás, no ensucie, llévese todo lo que no le sirve para que cuidemos lo que todavía nos ofrece el fundo.
El sol del final del día se filtra entre los pinos del fundo Coihueco.

Atractivo aspecto del lugar que hemos llamado
"el parador", un sitio ideal para picnic junto al estero.