Tuesday, March 26, 2013

CERROVERDINO PERDIÓ LA NARIZ POR SU ADICCIÓN A LAS FLORES



El “zaratán” era un microbio muy dañino y peligroso que vivía entre los pétalos de las flores. Así nos contaban los mayores, por lo que los niños debíamos evitar meter nuestras narices dentro de una rosa, por ejemplo, para prevenir el abordaje a nuestro cuerpo de ese agente maligno. Según decían, los “zaratanes” atacaban por dentro las paredes de la nariz y las destruían, dejando a las personas que habían tenido la mala suerte de contaminarse, sin esa parte del rostro. Otro dato: una vez que el bicho saltaba de la flor a ese sitio de la cara, era imposible sacarlo. 

Quienes narraban estas historias de terror, supuestamente verdaderas, tenían un ejemplo a la mano para demostrar la acción de los “zaratanes”: en Cerro Verde vivía un caballero víctima de estos bichos diminutos. En efecto, la persona en cuestión carecía de nariz, por lo que sus fosas nasales eran frontales a quien lo mirara. Pobre señor, sin nariz, nadie querría mirarlo a los ojos, sin tener enfrente de sí esos dos agujeros cónicos. Para mucha gente, él había sido una víctima de los “zaratanes”. Uno se preguntaba: ¿habría él andado oliendo cada flor de su jardín, hecho que le significó tan cara consecuencia? ¿Por qué él mismo no nos contó su martirio para que nosotros no cometiéramos la misma imprudencia? Pudo haberlo hecho ya que circulaba con mucha frecuencia por las calles de Penco. 

Tan hondo calaban esos mitos, que uno se cuidaba mucho de no oler flores por un miedo vivo de contagiarse el “zaratán”. Primero, había que mirar muy bien entre los pétalos de una violeta, una rosa, un copihue o una reina-luisa antes de intentar disfrutar su aroma. A los pocos años de haber oído esas historias, ya nadie más habló de ese supuesto agente del reino vegetal, guardián celoso de las flores que amenazaba con hacer perder la nariz a quien osara arrebatarle la delicia de esos olores. 

El amplio diccionario de Internet “Wordreference” desconoce la palabra "zaratán". En el diccionario Sopena Ilustrado aparece una voz cercana y ella es “zarate”: nombre que se le da a la sarna en algunos países americanos. ¿Cuál era el fundamento, entonces para “zaratán”? Una opción pudo ser la enseñanza. O sea, prevenir a los niños del peligro de oler directamente una flor porque en ella podía haber abejas escondidas, haciendo su trabajo de polinización o que hubieran agresivas hormigas bebiendo néctar sin querer ser molestadas. La historia del vecino de Cerro Verde servía para ejemplificar, pero lo más probable fue que él haya perdido la punta de su nariz en otras circunstancias, tal vez en un accidente. Sin embargo, en el imaginario de los niños quedó la impresión que él sufrió la pérdida de esa parte del rostro por su incontrolado placer de ir oliendo alegremente una flor y otra flor y otra flor…

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